Su Vida

Cita 1

“El Señor Jesucristo, el divino Hijo de Dios, existió desde la eternidad…. El era la gloria excelsa del cielo, el soberano de las inteligencias celestiales y recibía el homenaje de los ángeles con justo derecho….  (La Fe por la cual Vivo – 48.6).


Cita 2

“Pero se humilló a sí mismo y se revistió de mortalidad. Como miembro de la familia humana, fue mortal; pero como Dios, era el manantial de vida para el mundo…. Cargó con los pecados del mundo, sufrió las penalidades que como una montaña agobiaron su alma. Entregó su vida en sacrificio para que el hombre no pereciera para siempre. Murió, no porque estuviese obligado a morir, sino por su propia voluntad.”—Ibid. 1127. (La Fe por la cual Vivo – 48.8).


Cita 3

YO SOY significa una presencia eterna. El pasado, el presente y el futuro son iguales para Dios. Él ve los acontecimientos más remotos de la historia pasada y el futuro lejano con una visión tan clara como nosotros vemos las cosas que suceden diariamente. No sabemos lo que está delante de nosotros, y si lo supiéramos, no contribuiría a nuestro bienestar eterno. Dios nos da una oportunidad de ejercitar la fe y confiar en el gran YO SOY… Carta 119, 1895.


Cita 4

Solo Cristo pudo llevar las aflicciones de muchos. “En toda angustia de ellos él fue angustiado”. Isaías 63:9. Nunca provocó una enfermedad a su propia carne, pero llevó las enfermedades ajenas. Con la más tierna simpatía contemplaba a los dolientes que lo rodeaban. Gimió en espíritu cuando vio la obra de Satanás revelada en toda su maldad, e hizo suyo cada caso de necesidad y dolor…

El poder del amor estuvo en toda su [obra de] curación. Identificó sus intereses con los de la humanidad doliente. Cristo era salud y fortaleza en sí mismo, y cuando los dolientes eran traídos a su presencia, siempre era reprochada la enfermedad. Por esa razón no fue inmediatamente a ver a Lázaro. No podría haber visto su sufrimiento sin aliviarlo. No podría haber visto la enfermedad y la muerte sin combatir el poder de Satanás. Fue permitida la muerte de Lázaro para que pudiera ser presentada su resurrección, como la última evidencia cumbre para los judíos, de que Jesús era el Hijo de Dios. —Manuscrito 18, 1898.


Cita 5

La naturaleza humana puede soportar solo una cantidad limitada de prueba y aflicción. Lo finito solo puede soportar una medida finita, sucumbe la naturaleza humana; pero la naturaleza de Cristo tenía una capacidad mayor para sufrir, pues lo humano existía en la naturaleza divina y esto le daba una capacidad para sufrir y soportar el resultado de los pecados de un mundo perdido. La agonía que soportó Cristo amplía, profundiza y nos da un concepto más amplio del carácter del pecado y el carácter de la retribución que Dios traerá sobre los que continúan en el pecado. La paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Jesucristo para el pecador arrepentido. —Manuscrito 35, 1895.


Cita 6

El que dice que está en él, debe andar como él anduvo. 1 Juan 2:6. 

“Tenemos ante nosotros al más santo y sublime ejemplo. Jesús fue sin tacha, tanto en pensamiento, como en palabra y acción. Todos sus actos fueron perfectos. Nos muestra el camino que él recorrió, y nos dice: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.’” Mateo 16:24.— The Review and Herald , 26 de abril de 1906.


Cita 7

“Cristo reúne en su persona la perfección y santidad de la divinidad y la perfección y santidad de su humanidad sin pecado. Él tuvo que afrontar las mismas tentaciones por las cuales Adán fue reprobado, y las venció porque su humanidad se apoyaba en el poder divino. Los cristianos de hoy se fijan ideales demasiado bajos. Se contentan con una experiencia espiritual muy superficial, y por lo tanto sólo perciben la luz en forma difusa, cuando podrían discernir con tanta más exactitud la maravillosa perfección de la humanidad de Cristo. La vida de Cristo es una manifestación de lo que la humanidad caída podría llegar a ser mediante una comunión más estrecha con la naturaleza divina…. (La Fe por la Cual Vivo 221.3)


Cita 8

“Los hombres y mujeres inventan toda clase de excusas por su propensión al pecado. Hacen del pecado una necesidad, algo que no se puede vencer. Pero el pecado no es una necesidad. Cristo estuvo en este mundo desde su infancia hasta la madurez, y en ese tiempo afrontó y venció todas las tentaciones que asedian al hombre. Es un modelo perfecto para la niñez, juventud, y madurez.”—Manuscrito 31, 1911.


Cita 9

“Cuando Cristo ascendió a los cielos, la sensación de su presencia permaneció aun con los que le seguían. Era una presencia personal, llena de amor y luz….FV 64.3

“Y desde aquel día Cristo había de morar continuamente por el Espíritu en el corazón de sus hijos. Su unión con ellos era más estrecha que cuando él estaba personalmente con ellos. La luz, el amor y el poder de la presencia de Cristo, resplandecían en ellos, de tal manera que los hombres, mirándolos ‘se maravillaban,’ y al fin los reconocían que eran de los que habían estado con Jesús. Hechos 4:13. FV 64.4

“Todo lo que Cristo fue para sus primeros discípulos, desea serlo para sus hijos hoy.”—El Camino a Cristo, 55, 56.FV 64.5

“Nunca se os figure que Cristo está lejos. Siempre está cerca. Su amorosa presencia os envuelve. Buscadle sabiendo que desea dejarse encontrar por vosotros. El quiere, no tan sólo que toquéis la orla de su manto, sino que andéis con él en continua comunión.”—El Ministerio de Curación, 78.FV 64.6


Cita 10

“La presencia de Cristo en el corazón es un poder vitalizador, que fortalece el ser entero.”—Testimonies for the Church 7:71.FV 64.7


Cita 11

Durante toda su vida terrenal fue menospreciado y se lo comprendió mal, aun entre los miembros de su propia familia. Satanás estaba constantemente sugiriendo a sus hermanos, los hijos de José, críticas acerca de quien parecía tan distinto a ellos. Rehusó cada invitación al mal, porque no se lo podía persuadir a que aceptara hacer lo malo o a desviarse en lo más mínimo del “escrito está”. Parecía tener la Escritura atesorada en el corazón y la mente. Rara vez reprendió la conducta de sus hermanos, pero siempre tuvo una palabra de Dios para decirles: “Escrito está”.—Manuscrito 2 del 9 de febrero de 1896, sin título. (Alza tus Ojos – 9 de Febrero).


Cita 12

Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen. Hebreos 5:8, 9.

Cristo vino a nuestro mundo y vivió en un hogar de aldeanos. Vistió las mejores ropas que sus padres pudieron proveerle, pero fueron ropas de campesino. Anduvo por ásperos senderos y escaló las pronunciadas laderas de las colinas y montañas. Cuando caminaba por las calles estaba aparentemente solo, porque los ojos humanos no podían contemplar a sus asistentes celestiales. Aprendió el oficio de carpintero, para poder señalar como honorable y ennoblecedora toda labor honesta realizada por los que trabajan con la mira puesta en la gloria de Dios…

Cristo, el Señor de toda la tierra, fue un humilde artesano. No fue comprendido, y se lo trató con desdén y desprecio. Pero había recibido su comisión y autoridad del poder más elevado, del Soberano del cielo. Los ángeles fueron sus servidores, porque Cristo estaba ocupado en los negocios de su Padre tanto cuando trabajaba junto al banco de carpintero como cuando realizaba milagros para las multitudes. Pero ocultó el secreto de la vista del mundo. No antepuso títulos elevados a su nombre a fin de que su posición fuera comprendida, sino que vivió la Ley real de Dios. Su obra comenzó al ennoblecer el humilde oficio del artesano que debía esforzarse por lograr su pan cotidiano…

Si la vida de Cristo hubiera transcurrido entre los grandes y los ricos, el mundo de los que debían trabajar duramente se habría visto privado de la inspiración que el Señor quería que tuviera. La vida de Cristo fue mansa y humilde. Eligió esa vida a fin de poder ayudar a la familia humana. No se colocó sobre un trono como el Comandante de toda la tierra. Dejó a un lado su manto real, se quitó la corona regia para ser uno de los componentes de la familia humana. No tomó sobre sí la naturaleza de los ángeles.

Su obra no fue el oficio sacerdotal de acuerdo con las designaciones de los hombres. Era imposible para éstos comprender su exaltada posición a menos que el Espíritu Santo la hiciera conocer. En nuestro favor revistió su divinidad con humanidad y descendió del trono real. Renunció a su posición de Comandante de las cortes celestiales, y por nosotros se hizo pobre a fin de que por su pobreza fuésemos enriquecidos. De esta manera, ocultó su gloria bajo la apariencia de la humanidad para poder tocar a la humanidad con su poder divino y transformador…

El Señor Jesús vino al mundo para vivir la vida que cada ser humano sobre la tierra debería interesarse en vivir: una vida de humilde obediencia. Aquellos a quienes Cristo ha dado un tiempo de prueba para formar caracteres para las mansiones que ha ido a preparar, deben imitar el ejemplo de su vida.

—Manuscrito 24, del 22 de febrero de 1898, “La vida de Cristo sobre la tierra”. (Alza tus Ojos – 22 de Febrero).


Cita 13

Cristo vivió la vida sencilla de un hijo de personas de condición humilde, y así llegó a familiarizarse desde la infancia con la vida de los pobres. Y durante su ministerio, cuando le traían niños para que los bendijera, pensaba en su propia madre, y honraba a las madres de esos niños bendiciéndolas a ellas y también a sus hijos. Cristo vivió una vida de humillación y pobreza de manera que desde la niñez hasta la adultez pudo dejar a todos un ejemplo de lo que significa la vida para cada miembro de la familia humana.

—Carta 104, del 19 de marzo de 1907, dirigida “A los que dan grandes donaciones para la causa de la verdad presente”. (Alza tus Ojos – 19 de Marzo).


Cita 14

De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. Juan 12:24.

Podemos ver en esta época la necesidad de atraer a los hombres a Cristo. Esto los atraería los unos a los otros en esa confianza, en ese amor y unidad por los cuales Cristo rogó en su última oración con y por sus discípulos. Esta unidad era esencial para su crecimiento espiritual. El mundo es un campo de batalla sobre el cual los poderes del bien y del mal están en guerra incesante. Cuando la obra de Cristo parecía encaminarse a la derrota, cuando a los discípulos les parecía que no había esperanza, algunos griegos se acercaron a ellos, diciéndoles: “Quisiéramos ver a Jesús”. Juan 12:21.

Cristo escuchó el clamor ansioso y ávido, “quisiéramos ver a Jesús”. Estos griegos representaban a las naciones, tribus y pueblos que habrían de despertar a su gran necesidad de un poder exterior y superior al poder finito. Por un momento Cristo contempló el futuro y escuchó voces que proclamaban en todos los lugares de la tierra: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Juan 1:29. Esta anticipación, la consumación de sus esperanzas, se expresó en sus palabras: “Ha llegado la hora para que el Hijo del hombre sea glorificado”. Juan 12:23. Sin embargo, la manera mediante la cual esta glorificación habría de ocurrir nunca estuvo ausente de la mente de Cristo. El mundo podía salvarse solamente por su muerte. Como el grano de trigo, el Hijo del hombre debía ser echado en la tierra, morir y ser sepultado; ¡pero viviría otra vez! En cada cosecha se repite esta lección del grano de trigo. Los que cultivan el suelo tienen siempre delante de sí la ilustración de las palabras de Cristo. La semilla sepultada en el suelo produce mucho fruto, y cuando llega el momento también las semillas de este fruto son plantadas. De esta manera la cosecha se multiplica. La siega de la cruz del Calvario rendirá fruto para vida eterna. Y contemplarlo será la gloria de los que vivirán a través de las edades eternas. Con esta lección, Cristo ejemplifica la abnegación que debemos practicar.

—Manuscrito 33, del 6 de abril de 1897, “Quisiéramos ver a Jesús”. (Alza tus Ojos – 6 de Abril).


Cita 15

¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre! Juan 7:46.

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