Meditación

Cita 1

Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. Salmos 46:10.

Los cristianos debieran… cultivar amor por la meditación, y atesorar el espíritu de devoción. Muchos parecieran tener repugnancia por los momentos dedicados a la meditación, como si la investigación de las Escrituras y la oración fueran tiempo perdido. Yo quisiera que todos vosotros vierais estas cosas en la luz en que Dios quiere que las veáis, porque entonces haríais del reino de los cielos lo más importante. El mantener el corazón en el cielo dará vigor a todas vuestras facultades, y pondrá vida en todos vuestros deberes. El disciplinar la mente para que se espacie en las cosas celestiales pondrá vida y fervor en todo vuestro comportamiento. Que todo el que desee participar de la naturaleza divina aprecie el hecho de que debe huir de la corrupción que está en este mundo a través de la concupiscencia. Debe haber una lucha del alma, constante y ferviente, contra los malos pensamientos. Debe haber una resistencia decidida contra la tentación a pecar en pensamiento o acto. El alma debe mantenerse libre de toda mancha, por fe en Aquel que es capaz de guardaros sin caída. Debemos meditar en las Escrituras, pensando con sobriedad y candidez en las cosas que se refieren a nuestra eterna salvación. La infinita misericordia y el amor de Jesús, el sacrificio hecho en nuestro favor, requieren la más seria y solemne reflexión. Debiéramos espaciarnos en el carácter de nuestro querido Redentor e Intercesor. Debemos tratar de comprender el significado del plan de salvación. Debemos meditar sobre la misión de Aquel que vino a salvar a su pueblo de sus pecados. Al contemplar constantemente los temas celestiales, nuestra fe y amor se fortalecerán. Nuestras oraciones serán más y más aceptables para Dios, porque estarán más y más mezcladas con fe y amor. Serán más inteligentes y fervientes. Cuando la mente está llena de este modo… el creyente en Cristo será capaz de sacar sus tesoros del almacén del corazón. (Dios nos Cuida – 11 de Enero).


Cita 2

Dulce será mi meditación en él; yo me regocijaré en Jehová. Salmos 104:34.

Descanse plenamente en los brazos de Jesús. Contemple su gran amor, y mientras medite en su abnegación, su sacrificio infinito hecho en nuestro favor para que creyésemos en él, su corazón se llenará de gozo santo, paz serena y amor indescriptible. Mientras hablemos de Jesús y lo busquemos en oración, se fortalecerá nuestra confianza de que él es nuestro Salvador personal y amante, y su carácter aparecerá más y más hermoso… Debemos gozarnos con ricos festines de amor, y mientras más plenamente creamos que somos suyos por adopción, tendremos un goce anticipado del cielo. Esperemos con fe en el Señor. El impulsa al alma a la oración, y nos imparte el sentimiento de su precioso amor. Nos sentimos cerca de él, y podemos mantener una dulce comunión a su lado. Obtenemos un panorama claro de su ternura y compasión, y nuestro corazón se abre y enternece al considerar el amor que se nos concede. Sentimos en verdad morar a Cristo en el alma… Nuestra paz es como un río, ola tras ola de gloria ruedan hacia el interior del corazón, y verdaderamente cenamos con Jesús y él con nosotros. Sentimos que comprendemos el amor de Dios, y descansamos en su amor. Ningún lenguaje puede describirlo; está más allá del entendimiento. Somos uno con Jesús; nuestra vida se esconde con Cristo en Dios. Tenemos la seguridad de que cuando él, que es nuestra vida, aparezca, entonces también apareceremos con él en gloria. Con toda confianza podemos decir que Dios es nuestro Padre. Ya sea que vivamos o muramos, pertenecemos al Señor. Su Espíritu nos hace semejantes a Cristo Jesús en temperamento y disposición, y representamos a Cristo ante los demás. Cuando él mora en el alma, no es posible ocultar este hecho, porque es como una fuente de aguas que mana vida eterna. No podemos dejar de representar la semejanza de Jesús en nuestro carácter, y nuestras obras, nuestro comportamiento, producen en otros un amor profundo y permanente hacia Jesús, y manifestamos… que somos conformados a la imagen de Jesucristo. (Dios nos Cuida – 28 de Enero).


 

*Las citas de este libro se actualizan constantemente

 

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