La Ley de Dios

Cita 1

Después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón… Perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. Jeremías 31:33-34.

La misma ley que fue grabada en tablas de piedra es escrita por el Espíritu Santo sobre las tablas del corazón. Mediante la gracia de Cristo viviremos obedeciendo la ley de Dios escrita en nuestro corazón. Al poseer el Espíritu de Cristo, andaremos como él anduvo.

Si la ley está escrita en el corazón, ¿no modelará la vida?… En vez de que la fe exima al hombre de la obediencia, es la fe, y sólo ella, la que lo hace participante de la gracia de Cristo y lo capacita para obedecerlo… Donde no sólo hay una creencia en la Palabra de Dios, sino una sumisión de la voluntad a él; donde se le da a él el corazón y los afectos se fijan en él, allí hay fe, fe que obra por el amor y purifica el alma. Mediante esta fe, el corazón se renueva conforme a la imagen de Dios. Y el corazón que en su estado carnal no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede, se deleita después en sus santos preceptos, diciendo con el salmista: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación”. Salmos 119:97. Y la justicia de la ley se cumple en nosotros, los que no andamos “conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. Romanos 8:1. (Dios nos Cuida – 11 de Agosto).


Cita 2

El cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre. Gálatas 1:4.

 Se ofrece perdón a todos los que quieran volver a ser leales a la ley de Dios. Pero hay quienes rehúsan aceptar un “Así dice Jehová”. No reverencian ni respetan su ley. Promulgan rigurosas leyes humanas que se oponen a un “Así dice Jehová”, y por precepto y ejemplo inducen a pecar tanto a hombres, como a mujeres y niños. Exaltan las leyes humanas por encima de la ley divina. Pero la condenación y la ira de Dios penden sobre los desobedientes. Ya se están juntando las nubes de la justicia de Dios. Por siglos y siglos se han estado acumulando los materiales destructivos, y sin embargo sigue aumentando la apostasía, la rebelión y la deslealtad contra Dios.

El pueblo remanente de Dios, los que guardan sus mandamientos, comprenderán las palabras de Daniel: “Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán”. Daniel 12:10.

Satanás ha declarado que este mundo es su territorio. Aquí está su trono, y considera suyos a todos los que no quieren guardar los mandamientos de Dios y rechazan un claro “Así dice Jehová”. Están bajo el estandarte del enemigo, porque hay sólo dos bandos en el mundo. Todos están bajo el estandarte de los obedientes o bajo el de los desobedientes. Jesús está enviando ahora su mensaje a un mundo caído. Se complace en tomar elementos aparentemente sin esperanza, que han sido instrumentos de Satanás, para someterlos a la influencia de su gracia. Se regocija al librarlos de la ira que caerá sobre los desobedientes. (Dios nos Cuida – 7 de Septiembre).


Cita 3

La mansedumbre y la humildad caracterizarán a todos los que son obedientes a la ley de Dios, a todos los que llevan con sumisión el yugo de Cristo. Esas gracias proporcionarán los resultados deseables de paz en el servicio de Dios…  Manuscrito 20,1897.


Cita 4

La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Salmos 19:7.

Es inconcebible que tantos profesos servidores de Dios puedan descartar su ley y enseñar a los pecadores que sus preceptos no tienen validez para ellos. ¡Qué engaño fatal!… Vivimos en un mundo de esclavitud y muerte. Las multitudes están esclavizadas por costumbres pecaminosas y hábitos perjudiciales. Y es difícil romper sus grillos. La iniquidad, como diluvio, está inundando la tierra. Ocurren diariamente crímenes que son casi demasiado terribles para mencionarlos. ¿Diremos que todo esto sucede porque los hombres viven en obediencia a la ley de Dios, o se debe a que los ministros y el pueblo enseñan que sus preceptos carecen de vigencia?— The Review and Herald, 14 de septiembre de 1886.


Cita 5

Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Apocalipsis 20:12.

Todo pecado que una persona no haya confesado, y del que no se haya arrepentido, permanecerá en los libros de registro. No será borrado, no irá de antemano al juicio para ser cancelado por la sangre expiatoria de Jesús. Los pecados acumulados de cada persona quedarán escritos con absoluta exactitud, y la luz penetrante de la ley de Dios iluminará todo secreto de las tinieblas. La condenación de los rechazadores de la misericordia de Dios será proporcional a la luz, las oportunidades y el conocimiento de los derechos de Dios sobre él..—The Review and Herald, 27 de marzo de 1888.


Cita 6

Deberíamos considerar que Cristo no vino al mundo únicamente para realizar la redención del hombre; no vino solamente para que los habitantes de este pequeño mundo considerasen la ley de Dios como debía considerarse; sino que vino para demostrar a todos los mundos que la ley de Dios es inmutable y que la paga del pecado es muerte.

Pareciera que muchos creen que este mundo y las mansiones celestiales constituyen el universo de Dios. No es así. La hueste de los redimidos irá de mundo en mundo, y buena parte de su tiempo lo empleará en investigar los misterios de la redención.

(Cristo) Tiene una inmensidad de mundos que le tributan honor divino, y el cielo y todo el universo hubieran estado felices si él hubiera dejado perecer este mundo; pero su amor fue tan grande que dio a su propio Hijo para que muriera a fin de que nosotros fuésemos redimidos de la muerte eterna. Al ver el cuidado y el amor que Dios tiene por nosotros, respondamos a ellos; démosle a Jesús todas las facultades de nuestro ser, peleando varonilmente las batallas del Señor.—The Review and Herald, 9 de marzo de 1886.


Cita 7

“Satanás no pudo impedir el plan de Salvación. Cristo fue crucificado y resucitó al tercer día. Entonces Satanás dijo a sus ángeles que él sacaría ventajas aun de la crucifixión y resurrección. Estaba conforme con que los que profesaban fe en Jesús creyeran que las leyes ceremoniales y los sacrificios de los judíos habían cesado con la muerte de Cristo, si podía incitarlos a dar un paso más y hacerles creer que la ley de los diez mandamientos también había cesado con la muerte de Cristo…. “Satanás … dijo a sus ángeles … que los diez mandamientos eran demasiado claros, de modo que la mayoría creería que aún estaban en vigencia; por lo tanto, debían tratar de alterar el cuarto mandamiento que exalta al Dios viviente.”—Spiritual Gifts 1:109-111.


Cita 8

“Satanás, obrando por intermedio de los livianos dirigentes de la iglesia, alteró el cuarto mandamiento y trató de poner a un lado el antiguo sábado, el día que Dios ha bendecido y santificado, y en su lugar exaltó el festival observado por los paganos como el ‘venerable día del sol’…. El Señor ha señalado claramente el camino hacia la ciudad de Dios; pero el gran apóstata ha cambiado el cartel indicador de caminos, estableciendo un sábado falso…. El enemigo de todo bien, ha dado vuelta el indicador de camino, de modo que señale la senda de la desobediencia como la senda de la felicidad. Ha insultado al Señor rehusando obedecer un ‘así dice Jehová.’ Ha intentado cambiar los tiempos y la ley.”—The S.D.A. Bible Commentary 4:1171, 1172.


Cita 9

“La ley no se proclamó … para beneficio exclusivo de los hebreos. Dios los honró haciéndolos guardianes y custodios de su ley pero habían de tenerla como un santo legado para todo el mundo. Los preceptos del Decálogo se adaptan a toda la humanidad, y se dieron para la instrucción y el gobierno de todos. Son diez preceptos, breves, abarcantes, y autorizados, que incluyen los deberes del hombre hacia Dios y hacia sus semejantes; y todos se basan en el principio fundamental del amor. ‘Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y a tu prójimo como a ti mismo.’”—Historia de los Patriarcas y Profetas, 312.


Cita 10

“El mundo entero será juzgado por la ley moral, de acuerdo con la oportunidad que cada uno haya tenido de conocerla, ya sea por la razón, la tradición o la palabra escrita.”—The Signs of the Times, 9 de junio de 1881.


Cita 11

“La ley es una expresión del pensamiento de Dios. Cuando la recibimos en Cristo, se convierte en nuestro pensamiento. Nos eleva por encima del poder de los deseos y tendencias naturales, por encima de las tentaciones que conducen al pecado. ‘Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo.’”—The S.D.A. Bible Commentary 6:1110.


Cita 12

“No debemos considerar a Dios como un ser que está deseando castigar al pecador por sus pecados. El pecador mismo se acarrea su castigo. Sus propias acciones crean una cadena de circunstancias que conducen a ese resultado. Cada transgresión reacciona sobre el pecador, obra en él un cambio de carácter y lo hace más propenso a incurrir en una nueva transgresión. Al escoger el pecado, los hombres se separan de Dios, cortan ellos mismos el canal de bendiciones y el resultado seguro es la ruina y la muerte.”— The S.D.A. Bible Commentary 6:1085.


Cita 13

“La sofistería de Satanás consiste en hacer creer que la muerte de Cristo trajo la gracia que reemplazó a la ley. La muerte de Cristo no cambia o anula o debilita en el menor grado la ley de los diez mandamientos. Esa preciosa gracia ofrecida al hombre por medio de la sangre de Cristo, establece la ley de Dios. Desde la caída del hombre, el gobierno moral de Dios y su gracia son inseparables. Van de la mano a través de todas las dispensaciones. ‘La misericordia y la verdad se encontraron: la justicia y la paz se besaron.’”The Review and Herald, 11 de marzo de 1881.


Cita 14

“Cristo vino al mundo para desmentir la falsa afirmación de Satanás de que Dios había hecho una ley que los hombres no podían cumplir. Tomando sobre sí la naturaleza humana, vino a esta tierra y por una vida de obediencia demostró que Dios no ha hecho una ley que el hombre no puede cumplir. Demostró que es perfectamente posible para el hombre obedecer la ley. Los que aceptan a Cristo como su Salvador, y llegan a ser participantes de su naturaleza divina, pueden seguir su ejemplo viviendo una vida de obediencia a cada precepto de la ley. Por medio de los méritos de Cristo, el hombre debe demostrar por su obediencia, que se podrá confiar en él en el cielo, que no se rebelará.”—Manuscrito 48, 1893.


Cita 15

“En todos sus hechos piadosos, el Redentor del mundo declara: ‘Nada puedo hacer de mí mismo.’ ‘He recibido los mandamientos de mi Padre.’ ‘Todo lo que hago es en cumplimiento del consejo y la voluntad de mi Padre celestial.’ La historia de la vida diaria de Jesús es el registro exacto del cumplimiento de los propósitos de Dios hacia el hombre. Su vida y su carácter fueron la revelación o representación del carácter perfecto que el hombre puede adquirir al llegar a ser participante de la naturaleza divina y vencer al mundo en sus conflictos diarios.”—The Youth’s Instructor, 23 de abril de 1912.


Cita 16

“Por su perfecta obediencia ha hecho posible que cada ser humano obedezca los mandamientos de Dios. Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une con su corazón, la voluntad se fusiona con su voluntad, la mente llega a ser una con su mente, los pensamientos se sujetan a él; vivimos su vida. Esto es lo que significa estar vestidos con el manto de su justicia. Entonces, cuando el Señor nos contempla, él ve no el vestido de hojas de higuera, no la desnudez y deformidad del pecado, sino su propia ropa de justicia, que es la perfecta obediencia a la ley de Jehová.”—Sketches From the Life Paul, 288, 289.


Cita 17

“Cristo imputa su perfección y justicia al pecador creyente que no continúa en el pecado, sino que se aparta de la transgresión para obedecer los mandamientos.”—The Review and Herald, 23 de mayo de 1899.


Cita 18

“Mientras Dios puede ser justo y al mismo tiempo justificar al pecador por los méritos de Cristo, ningún hombre puede cubrir su alma con el manto de la justicia de Cristo mientras practique pecados conocidos o descuide deberes conocidos.”—Ibid. 4 de noviembre de 1890.


Cita 19

“El tabernáculo y templo de Dios en la tierra fueron copia del original que estaba en el cielo. El santuario y sus solemnes servicios estaban rodeados místicamente de las grandes verdades que se revelarían a través de generaciones sucesivas…. Las manifestaciones de un rey invisible eran grandiosas e indescriptiblemente admirables. El cetro estaba manejado por una mano sobrehumana. El arca sagrada cubierta con el propiciatorio, depositaria de la santa ley de Dios, simbolizaba al mismo Jehová. Allí estaba el poder de los israelitas para triunfar en las batallas. Ante ella cayeron los ídolos y los que irrespetuosamente miraron adentro perecieron por miles. Nunca antes el Señor había dado tan ostensibles manifestaciones de su supremacía como cuando fue reconocido como el rey de Israel.”—The Review and Herald, 2 de marzo de 1886.


Cita 20

“La ley de Dios, guardada como reliquia dentro del arca, era la gran regla de la rectitud y del juicio. Esa ley determinaba la muerte del transgresor; pero encima de la ley estaba el propiciatorio, donde se revelaba la presencia de Dios y desde el cual, en virtud de la expiación, se otorgaba perdón al pecador arrepentido. Así, en la obra de Cristo en favor de nuestra redención, simbolizada por el servicio del santuario, ‘la misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. Salmos 85:10.


Cita 21

Así que, por sus frutos los conoceréis. Mateo 7:20.

La Ley de Dios es el trasunto de su carácter. Los que profesan guardarla, pero fracasan en mostrar que aman a Dios con el corazón, la mente y todas sus fuerzas, y no se consagran sin reservas a su servicio, no guardan los primeros cuatro mandamientos que requieren amor supremo a Dios, ni los últimos seis que indican amor desinteresado de los unos a los otros, no son hijos obedientes. Por sus frutos los conoceréis. El verdadero amor a Dios siempre se manifestará. No se lo puede ocultar. Los que guardan los mandamientos de Dios en verdad revelarán el mismo amor que Cristo reveló hacia su Padre y hacia sus prójimos.

Aquel en cuyo corazón mora Cristo lo revelará en el carácter, en su obra en favor de los que constituyen la familia de la fe y en beneficio de aquellos que necesitan ser atraídos al conocimiento de la verdad. Mostrará siempre por medio de sus buenas obras el fruto de su fe, revelando a Cristo mediante obras de amor y actos de misericordia. Debe mostrar que él cree que la Ley de Dios no es solamente para ser creída en una forma teórica, sino para ser llevada a la práctica en la vida como un principio viviente y vital… El cumplimiento de la Ley de Dios es el fruto de su gracia en el corazón.

Obedeciéndola diariamente recordamos que Dios es el dador de todo lo que tenemos en custodia. El nos provee de todo lo que tenemos. Es por misericordia y amor que tenemos fuerzas para trabajar. El abre caminos para que podamos obtener riqueza terrenal, no para que el yo sea exaltado, no para que el tesoro obtenido sea acumulado, sino para que el nombre de Dios pueda ser glorificado, para que los necesitados puedan ser ayudados, para que la tesorería de Dios pueda ser provista con lo que El requiere en dones y ofrendas, a fin de que la obra de llevar la norma de la verdad a regiones más distantes no languidezca, sino que pueda avanzar hacia adelante y hacia arriba.

Sobre todos los que se han consagrado a Dios como colaboradores con El, descansa la responsabilidad de custodiar los intereses de su causa y de su obra. Deben vivir la verdad que pretenden creer. Deben mantener constantemente a Cristo delante de sí como su modelo, y mediante sus buenas obras deben hacer que fluya la alabanza de los corazones hambrientos y sedientos del Pan de Vida. No solamente deben ministrar la necesidad espiritual de aquellos a quienes están tratando de ganar para Cristo, sino que deben suplir también sus necesidades temporales. Esta obra de misericordia y amor se presenta constantemente, y cumpliéndola fielmente los siervos de Dios han de mostrar lo que la verdad ha hecho por ellos. Deben ser fieles mayordomos, no solamente de la verdad del Evangelio sino de todas las bendiciones que Dios les ha dado. No solamente deben hablar palabras de simpatía, sino que con sus obras deben mostrar la realidad de su bondad y amor.

—Manuscrito 20, del 22 de abril de 1894, sin título. (Alza tus Ojos – 22 de Abril).


Cita 22

A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia. Deuteronomio 30:19.

Hay un bando de la verdad. El bando de Aquel que declaró: “He guardado los mandamientos de mi Padre”. Juan 15:10. “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma”. Salmos 19:7.

Hay un bando del error: el bando de quien se rebeló en el cielo contra Dios, y fue expulsado de las cortes celestiales juntamente con sus simpatizantes. Y de su acción podemos comprender que no importa cuán elevada sea la posición que un hombre ocupe en la iglesia o en el mundo, si es desleal a Dios, si acepta las leyes humanas en lugar de las leyes de Jehová, nunca podrá entrar en el cielo, porque está viviendo en directa oposición a Dios. 

Recibirá un castigo que será proporcional al poder de la influencia que ejerció en el bando de Satanás en vez de colocarla en el bando de Dios. Cuanto más grandes hayan sido los talentos y la influencia que se le dio, mayor será su castigo. Dios requerirá de sus manos las almas que apartó de la verdad llevándolas a la falsedad. En vez de conducirlas a Dios las apartó de El, y la sangre de ellas le será requerida…

—Manuscrito 27, del 6 de mayo de 1900, “Obediencia y desobediencia”. (Alza tus Ojos – 6 de Mayo).


Cita 23

Satanás sostenía que era imposible que los seres humanos pudieran guardar la ley de Dios. A fin de probar la falsedad de esta denuncia, Cristo dejó su elevado imperio, tomó sobre sí la naturaleza del hombre y vino a la tierra para colocarse a la cabeza de la raza caída, a fin de mostrar que la humanidad podía soportar las tentaciones de Satanás. Se convirtió en la Cabeza de la humanidad, para ser asaltado con tentaciones en cada punto, como la naturaleza humana caída habría de ser tentada, a fin de que pudiera saber cómo socorrer a los que son tentados. Llevando nuestra naturaleza, fue leal a la norma de justicia de Dios y obtuvo la victoria sobre Satanás. Fue tentado en todo tal como nosotros lo somos, pero sin pecado.

—Manuscrito 77, del 7 de junio de 1902, sermón dado en el lugar de campamentos de Petaluma, California, Estados Unidos, “Lecciones extraídas del segundo capítulo de la segunda epístola de Pedro”. (Alza tus Ojos – 7 de Junio).


Cita 24

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Lucas 10:27.

La pregunta que el intérprete de la ley formuló a Cristo era de vital importancia. Los fariseos que lo habían incitado a hacer esta pregunta esperaban que el Señor Jesús la respondiera de tal manera que ellos encontraran algo en contra de El, algo por lo cual pudieran acusarlo y condenarlo ante el pueblo. El dominio propio de Cristo, la sabiduría y autoridad con la que hablaba era algo que no podían entender. Cuando el intérprete de la ley formuló esta pregunta, Cristo sabía que la sugerencia provenía de sus más acérrimos enemigos, los que estaban tendiendo una trampa para atraparlo en sus palabras. El Señor Jesús contestó la pregunta colocando la carga sobre el intérprete de la ley, de modo que respondiera su propia pregunta ante la multitud. “¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás”. Lucas 10:26-28.

La obediencia a los mandamientos de Dios es el precio de la vida eterna. Hay una obra muy extensa e importante que cumplir en la humanidad caída. Esta es la verdadera interpretación de la conversión genuina. La ley del Señor es perfecta, que convierte el alma. La respuesta a esta pregunta, según fue dada por el intérprete de la ley, comprende el deber total del hombre que está buscando la vida eterna. El doctor de la ley no fue capaz de evadir una pregunta tan directa y significativamente expresada como la que tenía que ver con las condiciones de la vida eterna. Comprendió sus implicancias, y la necesidad de responder a las demandas de la ley con el amor supremo a Dios, y al prójimo como a sí mismo. Sabía que no había hecho ni una cosa ni la otra, y la convicción de su negligencia en obedecer los primeros cuatro mandamientos y los últimos seis, especificados claramente en las palabras de los oráculos santos de Dios, fue grabada por el Espíritu Santo en su corazón. Se vio a sí mismo pesado en la balanza del santuario y hallado falto. No servía a Dios por encima de todo porque no lo había amado por encima de todo, con todo su corazón, con toda su alma, con todas sus fuerzas y con toda su mente. Decididamente carente de este requerimiento de la ley de Jehová, fracasó indiscutiblemente en amar a su prójimo como a sí mismo. Así, ante la multitud, El mismo presentó en concisas palabras las condiciones del Evangelio para que cada miembro de la familia humana, que está delante de Dios hoy, obtenga la vida eterna… Estas condiciones son invariables, sempiternas… Es menester sembrar las semillas del Evangelio. De la práctica de la verdad depende la salvación de cada alma humana.

—Manuscrito 45, del 26 de julio de 1900, “¿Qué tiene que ver la paja con el trigo?”. (Alza tus Ojos – 26 de Julio).


Cita 25

En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Apocalipsis 22:2.

¿Debemos esperar hasta que seamos trasladados para comer de las hojas del árbol de la vida? El que recibe en su corazón las palabras de Cristo sabe qué significa comer de las hojas del árbol de vida… La sabiduría que proviene de Dios es el pan de vida. Son las hojas del árbol de la vida las que se usan para la sanidad de las naciones. La corriente de vida espiritual estremece al alma cuando las palabras de Cristo se creen y se ponen en práctica. Así es como somos hechos uno con Cristo.

Es fundamental que los que aseguran guardar los mandamientos de Dios posean un conocimiento inteligente de las Escrituras. De ese modo aprendemos a negar el yo y a ser estrictamente honestos con Dios al usar sus beneficios. A fin de que pudiéramos comprender la voluntad divina, Dios nos dio la Biblia.

—Manuscrito 103, del 29 de julio de 1902, “Hagamos la voluntad de Dios”. (Alza tus Ojos – 29 de Julio).


Cita 26

Enoc fue un maestro público de la verdad en la época en que vivió. Enseñó la verdad; vivió la verdad; y el carácter del instructor que caminó con Dios estuvo en todo sentido en armonía con la grandeza y la santidad de su misión. Enoc fue un profeta que habló a medida que era impulsado por el Espíritu Santo. Fue una luz en medio de la tinieblas morales, un hombre ejemplar, un ser humano que anduvo con Dios, que fue obediente a su ley, aquella ley que Satanás rehusó obedecer, que Adán transgredió, que Abel obedeció y por cuya obediencia fue asesinado.

Y ahora Dios demostraría al universo la falsedad de la acusación del enemigo de que el hombre no puede guardar la ley divina. Demostraría que aunque el hombre había pecado podría relacionarse con Dios de tal manera que poseería la mente y el espíritu del Señor, y sería un símbolo representativo de Cristo.

Este hombre santo fue el elegido de Dios para denunciar la iniquidad del mundo y para dar testimonio de que es posible para el hombre guardar toda la ley de Dios.Dondequiera haya piedad genuina, habrá moralidad pura. ¡Qué poco se dice de Enoc, un hombre que caminó con Dios, un ser al cual el Señor no permitió que cayera bajo el imperio de la muerte! ¡Cuán breve es su biografía!… “Caminó pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios”. Cuánto se expresa en estas pocas palabras… Enoc no solo meditó, oró, y se colocó la armadura de la vigilancia, sino que de implorar a Dios pasó a suplicar a sus semejantes. No enmascaró la verdad para ganarse la estima de los incrédulos, descuidando así sus almas. Esta estrecha relación con Dios le dio valor para realizar las obras del Señor.

—Manuscrito 43, del 2 de agosto de 1900, “El profeta Enoc”. (Alza tus Ojos – 2 de Agosto).


Cita 27

Las leyes humanas elaboradas por agentes satánicos con el pretexto de proteger el bien, y restringir la perversidad, serán exaltadas en tanto los santos preceptos de Dios serán despreciados y pisoteados…

La apostasía es lo que obra en los hijos de desobediencia para acallar la voz de quienes los están llamando a la obediencia, y provocan a los fieles para que sean desleales como Caín provocó a Abel. Un espíritu demoníaco toma posesión de los hombres en nuestro mundo… La inteligencia de Satán… desgarrará y destruirá al hombre formado a la semejanza divina porque… [el hombre] no puede controlar la conciencia de su hermano y hacerlo traidor a la santa Ley de Dios, porque él mismo es desobediente como Caín… El mundo está representado en las iglesias apóstatas que están hollando la Palabra de Dios, transgrediendo su santa ley. No saben de qué espíritu son, ni tampoco el fin del oscuro túnel por el que avanzan. Están apresurando el paso, engañados, alucinados, ciegos, hacia la primera y segunda muerte. La inmensa marea de la voluntad y la pasión humanas los está conduciendo a cosas con las que ni soñaron cuando desecharon la ley de Jehová por las invenciones del hombre…

—Manuscrito 104, del 28 de septiembre de 1897, “Condenado por los judíos”. (Alza tus Ojos – 28 de Septiembre).


Cita 28

El Señor no permitirá que su tesoro humano, ganado por Cristo, la Cabeza, se pase a las filas del enemigo, sin hacer todos los esfuerzos posibles en su favor. La única esperanza de los redimidos consiste en cumplir los mandamientos de Dios.

Dios no dejará que el hombre siga sus propios caminos y haga su propia voluntad, para que se pierda, sin hacer un esfuerzo definido para recuperarlo. El propósito del ministerio de Cristo, el ámbito de su misericordia y su poder, no tienen límites.

—Carta 78, del 20 de enero de 1900, dirigida al Hno. Haysmer y Sra. (Cada Día con Dios – 20 de Enero).


Cita 29

Los amonesto: no coloquen su influencia contra los mandamientos de Dios. Esa ley es tal como Jehová la escribió en el templo del cielo. El hombre puede hollar su copia terrenal, pero el original se conserva en el arca de Dios en el cielo; y sobre la cubierta de esa arca, precisamente encima de esa ley, está el propiciatorio. Jesús está allí mismo, delante de esa arca, para mediar por el hombre. (Comentarios de EGW, CBA 1 p. 1123; Cristo en su Santuario p. 18.8 ) (Cortesía de Magdalena Sotelo, San Antonio, Texas USA)


 

*Las citas de este libro se actualizan constantemente

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