La Inmortalidad

Cita 1

“En el error fundamental de la inmortalidad natural, descansa la doctrina del estado consciente de los muertos, doctrina que, como la de los tormentos eternos, está en pugna con las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, con los dictados de la razón y con nuestros sentimientos de humanidad…. ¿Qué dicen las Sagradas Escrituras a este respecto? David declara que el hombre no es consciente en la muerte: ‘Sale su espíritu, y él se torna en su tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos.’ “Cuando, en respuesta a sus oraciones, la vida de Ezequías fue prolongada por quince años, el rey agradecido, rindió a Dios un tributo de alabanzas por su gran misericordia. En su canto de alabanza, dice por qué se alegraba: ‘No te ha de alabar el sepulcro; la muerte no te celebrará; ni esperarán en tu verdad los que bajan al hoyo. El viviente, el viviente sí, él te alabará, como yo, el día de hoy.’ La teología de moda presenta a los justos que fallecen como si estuvieran en el cielo gozando de la bienaventuranza y loando a Dios con lenguas inmortales; pero Ezequías no veía tan gloriosa perspectiva en la muerte…. “San Pedro, en el día de Pentecostés, declaró que el patriarca David ‘murió y fue enterrado, y su sepulcro está en medio de nosotros hasta el día de hoy. Porque David no subió a los cielos.’ El hecho de que David permanecerá en el sepulcro hasta el día de la resurrección, prueba que los justos no van al cielo cuando mueren.”—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 600-602.


Cita 2

“La teoría de la inmortalidad del alma fue una de aquellas falsas doctrinas que Roma tomara del paganismo para incorporarla en el cristianismo. Martín Lutero la clasificó entre ‘las fábulas monstruosas que forman parte del estercolero romano’ de las decretales. Comentando las palabras de Salomón en el Eclesiastés, de que los muertos nada saben, el reformador dice: ‘… pues los muertos descansan, sin contar ni los días ni los años: pero cuando se despierten les parecerá como si apenas hubiesen dormido un momento.’ FV 177.2


 

*Las citas de este libro se actualizan constantemente

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