El Dinero

Cita 1

“No nos ha sido dado nuestro dinero para que pudiéramos honrarnos y glorificarnos a nosotros mismos…. Algunos piensan que sólo pertenece al Señor una porción de sus medios. Cuando han puesto aparte una porción con fines religiosos y caritativos, consideran que el resto les pertenece para usarlo como crean conveniente. Pero en esto se equivocan. Todo lo que poseemos es del Señor y somos responsables ante él del uso que le demos. En el empleo de cada centavo se verá si amamos a Dios por encima de todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. “El dinero tiene gran valor porque puede hacer mucho bien. En manos de los hijos de Dios es alimento para el hambriento, bebida para el sediento y vestido para el desnudo … y un medio de ayudar al enfermo.”— Sketches From the Life of Paul, 320.


Cita 2

“Si habéis robado al Señor, restituid la deuda. Tanto como sea posible saldad la deuda de los años pasados y pedid perdón al Salvador. ¿No entregaréis al Señor lo que le pertenece antes que este año, con toda su carga, pase a la eternidad?”—Counsels on Stewardship, 95, 96, 98.


Cita 3

“Dios prueba a los hombres, a algunos de una manera, a otros de otra. Prueba a algunos derramando sobre ellos sus bienes en abundancia, y a otros retirándoles sus favores. Prueba a los ricos para ver si amarán a Dios, el Dador, y a su prójimo como a sí mismos. Cuando el hombre hace buen uso de estos bienes Dios queda complacido; puede confiarles luego mayores responsabilidades….  FV 172.2


Cita 4

Dios no depende del hombre para sostener su causa. Podría haber enviado medios directamente del cielo para suplir su tesorería, si en su providencia lo hubiese considerado mejor para el hombre. Podría haber formulado planes para que los ángeles hubiesen sido enviados a publicar la verdad al mundo sin intervención de los hombres. Podría haber escrito las verdades en el firmamento y haber dejado que éste declarase al mundo sus requerimientos en caracteres vivos. Dios no depende del oro o la plata de hombre alguno. Dice: “Mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados.” “Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti: porque mío es el mundo y su plenitud.” Salmos 50:10, 12. Cualquier necesidad de que intervengamos en el adelantamiento de la causa de Dios, ha sido ordenada a propósito para nuestro bien. El nos ha honrado haciéndonos colaboradores suyos. Ordenó que fuese necesaria la cooperación de los hombres a fin de que pudiesen practicar la generosidad.

Las tinieblas morales de un mundo arruinado suplican a cada cristiano que realice un esfuerzo, que dé de sus recursos y preste su influencia para asemejarse a Aquel que aunque poseía riquezas infinitas se hizo pobre por causa nuestra. El Espíritu de Dios no puede morar con aquellos a quienes mandó el mensaje de su verdad, pero que necesitan que se les ruegue antes de sentir su deber de colaborar con Cristo. El apóstol pone de relieve el deber de dar por motivos superiores a la mera simpatía humana, porque los sentimientos sean conmovidos. Da realce al principio de que debemos trabajar abnegadamente y con sinceridad para gloria de Dios.

El sistema ordenado a los hebreos no ha sido abrogado ni reducido su vigor por Aquel que lo ideó. En vez de carecer de fuerza ahora, tiene que practicarse más plena y extensamente, puesto que la salvación por Cristo debe ser proclamada con mayor plenitud en la era cristiana.

El Evangelio, para extenderse y ampliarse, requería mayores provisiones para sostener la guerra después de la muerte de Cristo, y esto hizo que la ley de dar ofrendas fuese una necesidad más apremiante que bajo el gobierno hebreo. Dios no requiere menos ahora, sino mayores dones que en cualquier otro período de la historia del mundo. El principio trazado por Cristo es que los dones y ofrendas deben ser proporcionales a la luz y bendiciones que se han disfrutado. El dijo: “Porque a cualquiera que fué dado mucho, mucho será vuelto a demandar de él.” Lucas 12:48.

Los que piensan que pueden ser buenos cristianos y a la vez cerrar sus oídos y corazones a los llamados que Dios dirige a su liberalidad, están terriblemente engañados. Hay quienes profesan tener gran amor por la verdad, y, por lo menos de palabra, tienen interés en verla adelantar, pero no hacen nada para ello. La fe de los tales es muerta; no se perfecciona por las obras. El Señor no cometió nunca el error de convertir a un alma y dejarla bajo el poder de la avaricia. 1JT 369.2-1JT 372.2


Cita 5

No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe. Gálatas 6:9,10.

Todas nuestras bendiciones, tanto temporales como espirituales, provienen de Dios. El dinero que poseemos es del Señor, El nos lo ha prestado a fin de promover su causa en la tierra. Nadie debiera permitirse retener los bienes del Señor.

Aquellos que han hecho promesas para posibilitar el avance de la obra de Dios no deben arrepentirse de sus votos y retener para sí lo que prometieron. Quienes asumen la responsabilidad de anular una promesa que ha sido hecha a Dios están haciendo algo de lo cual no querrán dar cuenta en el día del ajuste final.

—Carta 104, del 19 de marzo de 1907, dirigida “A los que dan grandes donaciones para la causa de la verdad presente”. (Alza tus Ojos – 19 de Marzo).


Cita 6

Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. Apocalipsis 3:3

La posesión de riquezas abre el camino a la gran tentación de llegar a ser codiciosos y egoístas, a sumar riquezas a las riquezas y enterrar en casas y tierras los medios que debieran ser devueltos a Dios. Muchos usan sus medios para gratificar las exigencias del apetito, seguir las modas y edificar para sí magníficas casas. No siguen el ejemplo de Cristo, quien se dio a sí mismo con todo lo que tenía en beneficio del mundo, a fin de librar a los hombres del poder de Satanás. Pero si los que poseen medios siguieran el ejemplo de Cristo, sus corazones se llenarían de benevolencia y podrían ayudar en la proclamación de la verdad en las ciudades, en los caminos y vallados, en llevar el Evangelio a todas las naciones...

La obra de Dios debe ser sustentada mediante diezmos, donaciones y ofrendas. El Señor pide ahora los medios que ha confiado a sus mayordomos. Debiera fluir una corriente constante a la tesorería, a fin de que la obra no se vea obstaculizada. A algunos Dios les ha confiado riquezas terrenales para ser tenidas en custodia y devueltas a El a medida que las requiera para llevar adelante su obra en la tierra. Requiere de sus mayordomos un diezmo fiel de todo su capital, y en adición al diezmo pide donaciones y ofrendas. El Señor no requiere de sus seguidores nada más que lo que El realizó.

(LOS POBRES NO TENEMOS POR QUE QUEJARNOS DE NUESTRA SITUACIÓN, JESUCRISTO LO FUE)

Los que no están expuestos a las tentaciones de los que son ricos en bienes de este mundo no tienen razón para quejarse, porque el Príncipe de la vida compartió con ellos una vida de pobreza. Fue tentado en todos los puntos tal como lo somos nosotros. Fue en nuestro beneficio que caminó en la pobreza como uno de nosotros, para mostrarnos cómo podemos resistir las tentaciones de los instrumentos satánicos… El Señor Jesús nos invita a ser obreros juntamente con El. Es el dueño de todo lo que poseemos y tiene derecho sobre ello. Mediante nuestra disposición de ayudar en su obra podemos mostrar ahora nuestro amor por El.

—Manuscrito 40, del 9 de abril de 1905, “Mayordomía fiel”. (Alza tus Ojos – 9 de Abril).


Cita 7

La Ley de Dios es el trasunto de su carácter. Obedeciéndola diariamente recordamos que Dios es el dador de todo lo que tenemos en custodia. El nos provee de todo lo que tenemos. Es por misericordia y amor que tenemos fuerzas para trabajar. El abre caminos para que podamos obtener riqueza terrenal, no para que el yo sea exaltado, no para que el tesoro obtenido sea acumulado, sino para que el nombre de Dios pueda ser glorificado, para que los necesitados puedan ser ayudados, para que la tesorería de Dios pueda ser provista con lo que El requiere en dones y ofrendas, a fin de que la obra de llevar la norma de la verdad a regiones más distantes no languidezca, sino que pueda avanzar hacia adelante y hacia arriba.

Sobre todos los que se han consagrado a Dios como colaboradores con El, descansa la responsabilidad de custodiar los intereses de su causa y de su obra. Deben vivir la verdad que pretenden creer. Deben mantener constantemente a Cristo delante de sí como su modelo, y mediante sus buenas obras deben hacer que fluya la alabanza de los corazones hambrientos y sedientos del Pan de Vida. No solamente deben ministrar la necesidad espiritual de aquellos a quienes están tratando de ganar para Cristo, sino que deben suplir también sus necesidades temporales. Esta obra de misericordia y amor se presenta constantemente, y cumpliéndola fielmente los siervos de Dios han de mostrar lo que la verdad ha hecho por ellos.Deben ser fieles mayordomos, no solamente de la verdad del Evangelio sino de todas las bendiciones que Dios les ha dado. No solamente deben hablar palabras de simpatía, sino que con sus obras deben mostrar la realidad de su bondad y amor.

—Manuscrito 20, del 22 de abril de 1894, sin título. (Alza tus Ojos – 22 de Abril).


Cita 8

Algunos que sufren privaciones y desánimo pueden sentir que la suya es una triste suerte. Los tales recuerden que Cristo gustó experiencias similares. El sabía que existían la pobreza y las penurias. El los invita a creer en su amor y a seguir en sus pisadas. Obrará por medio de los que tienen medios, para que provean a quienes necesitan… Hay un mundo que salvar. ¿Qué están haciendo ustedes para colaborar con Cristo? ¿Están procurando llegar a los que están afligidos, los que sufren y necesitan ayuda? ¿Están aprovechando sus oportunidades, ventajas y recursos para ganar almas para Cristo? Pueden decir: “Yo no soy ministro, y por consiguiente no puedo predicar la verdad”. Puede ser que no lo sean en el sentido generalmente aceptado de la palabra; puede ser que nunca se los llame para estar en el púlpito, sin embargo, pueden ser ministros de Cristo si tienen sus ojos abiertos a las oportunidades que se presentan para decir una palabra a esta y aquella alma. Dios hablará por medio de ustedes para guiarlas a Cristo…

Manuscrito 85, del 21 de agosto de 1909, sermón predicado en Nevada, Iowa. (Alza tus Ojos – 21 de Agosto).


Cita 9

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues a preparar lugar para vosotros. Juan 14:1, 2.

¡Cuán precioso es saber que tenemos un Amigo fiel, Alguien que nos impartirá un carácter noble y elevado, que nos hará idóneos para estar en compañía de los santos ángeles en las cortes celestiales! Su protección está sobre todos sus hijos. Gozan de una paz que el mundo no puede dar ni quitar. La pérdida de los tesoros terrenales no los hace sentirse desesperados o desposeidos…

Cristo contempla el mundo, tan lleno de actividad en procura de tesoros terrenales. Ve a tantos que tratan ansiosamente tener primero una cosa y después la otra, en sus esfuerzos por obtener el codiciado tesoro terrenal que, según ellos piensan, satisfará su ambición egoísta, mientras en su ansiosa búsqueda pasan por alto el único sendero que conduce a las verdaderas riquezas. Como el que tiene autoridad, Cristo habla a los tales invitándolos a seguirle. Se ofrece a conducirlos a las riquezas que son tan perdurables como la eternidad. Les señala el sendero angosto de la abnegación y del sacrificio. Los que se esfuercen por avanzar en este sendero, superando cada obstáculo, alcanzarán la tierra de gloria. Al levantar la cruz encontrarán que ésta los eleva a ellos, y por último obtendrán el tesoro imperecedero.

—Carta 264, del 7 de diciembre de 1903, dirigida a un hombre de negocios de bastantes recursos. (Alza tus Ojos – 7 de Diciembre).


Cita 10

“Cada oportunidad de socorrer a un hermano necesitado o de ayudar a la causa de Dios en la promulgación de la verdad, es una perla que enviáis de antemano al cielo para ser depositada en el banco celestial donde es guardada con toda seguridad.”— Testimonies for the Church 3:249.


 

*Las citas de este libro se actualizan constantemente

 

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