La Familia

Cita 1

Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra. Salmos 91:11-12.

Los ángeles de Dios están velando sobre nosotros. En esta tierra hay miles y decenas de miles de mensajeros celestiales enviados por el Padre para impedir que Satanás obtenga alguna ventaja sobre aquellos que se niegan a caminar en el sendero del mal. Y estos ángeles que guardan a los hijos de Dios en la tierra están en comunicación con el Padre en el cielo. “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños—dijo Cristo—; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”. Mateo 18:10.

Difícilmente nos damos cuenta de que hay ángeles a nuestro alrededor; y esos preciosos ángeles, que ministran a aquellos que serán herederos de salvación, nos están salvando de muchísimas tentaciones y dificultades. Toda la familia del cielo está interesada en las familias de la tierra; y cuán agradecidos deberíamos ser por este interés manifestado hacia nosotros día y noche.

Las palabras impacientes y poco bondadosas que pronunciamos en nuestros hogares son oídas por los ángeles; ¿queréis encontrar en los libros del cielo el registro de las palabras impacientes y apasionadas que habéis expresado en vuestra familia? La impaciencia trae al enemigo de Dios y del hombre a vuestra familia y echa a los ángeles de Dios. Si estáis viviendo en Cristo, y Cristo en vosotros, no podéis hablar palabras airadas. Padres y madres, os suplico por el amor de Cristo que seáis bondadosos, tiernos y pacientes en vuestros hogares. Entonces entrará la luz y la claridad del sol en vuestras casas y sentiréis que los rayos brillantes del Sol de justicia están realmente brillando en vuestros corazones. La ausencia de las gracias del Espíritu de Dios deja al hogar lleno de tinieblas e infelicidad. Vuestro hogar debería ser un santuario bendito donde Dios pueda acudir y donde sus ángeles santos puedan ministraros. Si manifestáis impaciencia y aspereza el uno hacia el otro, los ángeles no podrán ser atraídos hacia vuestro hogar; pero donde moran el amor y la paz, estos seres celestiales se deleitan en venir y traer aun más de la santa influencia del hogar de arriba. (Dios nos Cuida – 9 de Junio).


Cita 2

Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio. Génesis 18:19.

Un hombre es a la vista de Dios lo que es en su familia.

La vida de Abraham, el amigo de Dios, estuvo señalada por el estricto cumplimiento de la palabra de Jehová. Cultivaba la religión del hogar. El temor de Dios llenaba su casa. El era el sacerdote de su hogar. Consideraba su familia como un depósito sagrado. Su casa constaba de más de mil miembros, y los dirigía a todos, padres e hijos, hacia el Soberano divino. No soportaba que hubiese opresión paterna por un lado, ni desobediencia filial por el otro. Mediante la influencia combinada del amor y la justicia, gobernó su casa en el temor de Dios y el Señor dio testimonio de su lealtad.

Cuán pocos hay en nuestros días que siguen este ejemplo. De parte de demasiados padres hay un sentimentalismo ciego y egoísta, que se manifiesta dejando a los hijos con sus juicios deformados y pasiones indisciplinadas, bajo el dominio de su propia voluntad. Esta es la peor crueldad que se le puede hacer a la juventud y un gran mal para el mundo. La indulgencia de los padres causa desorden en las familias y en la sociedad. Reafirma en la juventud el deseo de seguir las inclinaciones, en vez de someterse a los requerimientos divinos.

La pregunta que debemos hacer no es: ¿Qué han hecho otros? ¿Qué pensarán mis familiares? o, ¿Qué dirán si sigo este camino? sino, ¿Qué ha dicho Dios? Ni padres ni hijos pueden verdaderamente prosperar en camino alguno que no sea el camino del Señor. (Dios nos Cuida – 5 de Julio).


Cita 3

Cuán bendecido, cuán doblemente bendecido, es el hogar en el cual el padre, la madre y los hijos están consagrados al servicio de Cristo.  (Dios nos Cuida – 21 de Octubre).


Cita 4

Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. Juan 12:36.

Un hogar cristiano bien ordenado es un argumento que el incrédulo no puede resistir, porque no encuentra lugar para la búsqueda de faltas triviales. Y los hijos de un hogar así están preparados para enfrentar los sofismas de la incredulidad. Han aceptado la Biblia como base de su fe, y tienen un firme fundamento que no puede ser removido por el embate del escepticismo.

Aférrense a los brazos del poder infinito; entonces encontrarán que él es precioso para su alma, y todo el cielo estará a su servicio. “Si andamos en luz, como él está en luz”, tendremos la compañía de los ángeles santos.

A Josué le fue dicho: “Así dice Jehová de los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza… entre éstos que aquí están te daré lugar”. Zacarias 3:7. ¿Y quiénes son “éstos que aquí están”? Son ángeles de Dios. Josué debía tener una confianza viviente en Dios cada día; y entonces los ángeles caminarían con él, y el poder de Dios descansaría sobre él en todas sus labores. Entonces, amigos cristianos, padres y madres, ¿dejarán que su luz pierda fuerza? ¡No, nunca! Y pronto los portales de la ciudad celestial se abrirán a ustedes; y podrán presentarse a sí mismos y presentar a sus hijos ante el trono diciendo: “He aquí, yo y los hijos que me dio Jehová”. Isaías 8:18.  ¡Y qué recompensa a la fidelidad será aquélla, ver a sus hijos coronados con la vida inmortal en la maravillosa ciudad de Dios!  (Dios nos Cuida – 13 de Noviembre).


Cita 5

Pongan la esperanza… en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. 1 Timoteo 6:17.

Que los visitantes vean que tratamos de hacer felices a los que nos rodean con nuestra alegría, simpatía y amor. Mientras procuramos asegurar el bienestar y la felicidad de nuestros invitados, no pasemos por alto nuestras obligaciones para con Dios. La hora de la oración no debiera ser descuidada por ninguna razón…

A temprana hora de la noche, cuando se puede orar sin prisa y con entendimiento, presenten sus súplicas y eleven sus voces en alabanza feliz y agradecida. Que todos los que visiten a los cristianos vean que la hora de la oración es la más sagrada, la más preciosa y la más feliz del día. Un ejemplo tal no quedará sin efecto.

Estos momentos de devoción ejercen una influencia refinadora y elevadora sobre todos los que participan en ellos. Se despertarán pensamientos correctos y deseos nuevos y mejores en los corazones de los más descuidados. La hora de adoración trae paz y descanso agradecidos al espíritu cansado; porque la misma atmósfera del hogar cristiano es de paz y reposo… Nueve de cada diez pruebas y perplejidades que preocupan a tantos son imaginarias o traídas sobre sí mismos por su propio camino equivocado. Deberían dejar de hablar de estas pruebas y de magnificarlas. El cristiano puede confiar a Dios cada preocupación, cada cosa que lo perturba. Nada es demasiado pequeño como para que nuestro compasivo Salvador no lo note; nada es demasiado grande como para que el no pueda llevarlo. (Dios nos Cuida – 14 de Noviembre).


Cita 6

Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra. Efesios 3:14, 15.

Una familia en cuyo seno se manifiesta amor a Dios y de los unos por los otros, cuyos miembros no se irritan, sino que son pacientes, tolerantes y amables, es un símbolo de la familia celestial.

 Los hombres y mujeres que sirven decididamente a Dios conducirán a sus familias de tal manera que representen correctamente la religión de Cristo. Enseñarán a sus hijos a ser aseados y útiles, a compartir las cargas del hogar y a no permitir que los padres hagan alguna tarea que ellos pueden realizar. De esta manera el padre y la madre quedan más aliviados. La familia toda comparte la bendición de la disposición de ayudarse mutuamente.

(Manuscrito 1, del 19 de enero de 1899, “Unidad, cortesía y amor”).


Cita 7

Nuestros esfuerzos para resistir los ataques de Satanás deben ser fervientes y perseverantes. El dedica su fuerza y habilidad a tratar de apartarnos del camino recto. El vigila nuestras salidas y entradas, a fin de hallar oportunidad de perjudicarnos o destruirnos. El obra con muchísimo éxito en las tinieblas, perjudicando a aquellos que ignoran sus designios. No podría conseguir ventajas si su método de ataque fuese comprendido. Los instrumentos que emplea para lograr sus propósitos y arrojar sus dardos encendidos, son a menudo los miembros de nuestras propias familias. 1JT 107.1

Aquellos a quienes amamos pueden hablar y obrar con descuido y herirnos profundamente. Tal no era su intención, pero Satanás magnifica sus palabras y actos ante la mente y así arroja un dardo de su aljaba para atravesarnos. Nos erguimos para resistir a la persona que pensamos nos hirió, y al hacerlo estimulamos las tentaciones de Satanás. En vez de pedir a Dios fuerza para resistir a Satanás, permitimos que nuestra felicidad quede empañada tratando de defender lo que llamamos “nuestras derechos.” Así concedemos una doble ventaja a Satanás. Obramos de acuerdo a nuestros sentimientos agraviados, y Satanás nos emplea como agentes suyos para herir y angustiar a aquellos que no se proponían perjudicarnos. Puede ser que a veces las exigencias del esposo parezcan irrazonables a la esposa; pero si ella echara serena y sinceramente una segunda mirada al asunto, y lo considerara en una luz tan favorable como fuese posible para el esposo, vería que, renunciando a su propia idea y sometiendo su juicio al del esposo, aun cuando ello contrariase sus sentimientos, salvaría a ambos de la desdicha y les daría una gran victoria sobre las tentaciones de Satanás. 1JT 107.2


Cita 8

Esto es lo que necesitamos en nuestros hogares. No hay críticas ni asperezas, sino paz y gozo, y descanso en el Señor… Dios demanda un servicio amante. Demanda que los padres hablen amorosa y tiernamente a sus hijos. Vean ellos que pensáis que os ayudan. Dadles responsabilidades, pequeñas al principio, y mayores a medida que crezcan. Nunca, nunca, permitáis que os oigan decir: “Me estorban más de lo que me ayudan”… AFC 149.6

Cuántos hay que olvidan que el hogar es una escuela, en la cual se preparan los hijos para trabajar, ya sea para Cristo o para Satanás. Padres y madres, recordad que cada palabra que habláis al alcance del oído de vuestros hijos tiene una influencia sobre ellos, una influencia ya sea para bien o para mal. Recordad que si halláis faltas en otros, estáis educando a vuestros hijos para que sean criticones. AFC 150.1

Rodeados de vuestros hijos, inclinaos delante del Padre celestial. Pedidle ayuda para preservar el depósito que os ha confiado. Sean vuestras peticiones cortas y fervientes. Decid: “Padre celestial, quiero que mis hijos sean salvados. Concédeme la ayuda de tu Espíritu, para que pueda prepararlos a fin de que sean hallados dignos de heredar la vida eterna”. Enseñad a vuestros hijos a ofrecer sus sencillas oraciones. Decidles que Dios se deleita en sus peticiones.   AFC 150.2


Cita 9

Podemos someter a nuestros hijos tan solo si nos sometemos a nosotros mismos. Pero hay muchos padres que inculcan en la vida de su hogar sus malas tendencias hereditarias y cultivadas. No han abandonado su puerilidad. Regañan a sus hijos por cosas que nunca debieran notar. Padres, no regañéis nunca a vuestros hijos. Tratadlos con firmeza pero con bondad. Mantenedlos ocupados… Sea vuestro hogar un lugar donde Dios es amado y honrado.—Manuscrito 39, 1901.


Cita 10

Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia. Salmos 127:1.

En el cielo no se hablan palabras desagradables. No se cultivan allí pensamientos hirientes. No hay lugar allí para la envidia, las malas sospechas, el odio y la contienda. Una perfecta armonía impregna las cortes celestiales. Satanás sabe bien cómo es el cielo y cuál es la influencia de los ángeles. Su obra consiste en introducir en cada familia los crueles elementos de la obstinación, la rudeza y el egoísmo. De esta manera trata de destruir la felicidad de la familia. El sabe que el espíritu que gobierne el hogar será introducido en la iglesia.

Cuiden siempre el padre y la madre sus palabras y acciones. El esposo debe tratar a su esposa, la madre de sus hijos, con el debido respeto, y la esposa debe amar y reverenciar a su marido. ¿Cómo podría ella hacerlo si él la trata como a una sirvienta, en forma dictatorial, dándole órdenes, burlándose y encontrando faltas en ella delante de sus hijos? De esa manera la conduce a tenerle aversión y aun a odiarlo.

Quiera Dios ayudar a los padres y a las madres a abrir las ventanas del alma hacia el cielo y permitir que el brillo de la luz de Cristo se introduzca en la vida del hogar. A menos que lo hagan, se verán rodeados por una bruma y una neblina de las más dañinas para la espiritualidad. Padres y madres, introduzcan dulzura, brillo y esperanza en la vida de sus hijos. La amabilidad y el amor obrará maravillas. Nunca castiguen a un hijo en forma airada.

Antes de corregir a sus hijos, asegúrense de conversar con su Padre celestial. Cuando sus corazones se hayan suavizado por la simpatía, conversen con el que cometió el error. Si el asunto puede solucionarse sin el uso de la vara, tanto mejor.

—Manuscrito 71, del 29 de mayo de 1902, “Palabras a los padres”. (Alza tus Ojos – 29 de Mayo).


Cita 11

Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros. 1 Tesalonicenses 4:9.

La verdad, la preciosa verdad debe santificarnos, subyugarnos, refinarnos, elevarnos, y finalmente exaltarnos hasta un trono a la diestra de la Majestad del cielo. ¿Nos debilitaremos en poder espiritual por falta de ejercicio? ¿Pasaremos día tras día sin una experiencia clara y definida en la vida religiosa por permitir que nuestras mentes sean absorbidas por los negocios del mundo?

Aquí, mi querido hijo [Edson] está tu peligro. Aquí están los ardides de Satanás, enredándote. Las mismas facultades u órganos que cultivas se fortalecen e imperceptiblemente te estás colocando en una posición que te incapacitará para realizar la obra de Dios. El tiempo que deberías dedicar fervientemente a ella, en realidad lo estás usando para hacerte incompetente para la obra que Dios te concedería el honor de realizar en su causa. Pretexto tras pretexto has concebido en tu mente para excusarte de asumir la tarea que podrías hacer inmediatamente, pero estás esperando que este objeto se consiga o aquel proyecto se cumpla. No es para hacer una gran obra que estás capacitado ahora, sino son las pequeñas obligaciones relacionadas con la obra de Dios, las responsabilidades menores sobrellevadas con humildad y fidelidad, las que te calificarán para las responsabilidades mayores, para los cargos más importantes. Debes cultivar la pureza de motivos, los intereses generosos.

Manténte cerca de Willie, tu hermano menor. Que ninguna emulación o contienda separe tu corazón y afectos de él. Qué ningún sentimiento egoísta o celo encuentre cabida en ti. Desaloja de tu corazón todas estas cosas. Cultiva el amor, la confianza, la responsabilidad. Vive a la altura de las normas bíblicas. Practica la luz que Dios te ha concedido. Demuestra, con actitudes y palabras amables y con hechos generosos, tu verdadero interés y afecto por Willie. Todos los progresos que realices se reflejarán nuevamente en ti. Nunca estaré satisfecha hasta que los vea a ambos sólida, fuerte y amorosamente unidos en los lazos más estrechos de amor fraternal. Dios los ayudará a trabajar en este sentido. Tú eres mayor que Willie y debes procurar en toda forma ayudarlo y ligarlo a tu corazón. Amense como hermanos, sean compasivos, sean corteses.

La religión, hijo mío, no es como algunos la consideran, una tarea intelectual, una teoría. Debe llevarse a cabo en la práctica en todos los caminos y senderos de nuestra vida. Debe regir la vida como así también convencer la mente. Sólo ella debe purificar el corazón. Dios requiere de cada uno de los que profesamos su nombre que seamos buenos ciudadanos y que la vida de integridad estricta y devoción pura deje una brillante luz en el mundo.

—Carta 35, del 30 de julio de 1876, dirigida a sus “Queridos hijos”; Edson acababa de cumplir 27 años; Willie tenía 21. (Alza tus Ojos – 30 de Julio).


 

*Las citas de este libro se actualizan constantemente

 

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