El Cielo

Cita 1

Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. 2 Timoteo 4:8.

 Sobre la cabeza de los vencedores, Jesús coloca con su propia diestra la corona de gloria. Cada cual recibe una corona que lleva su propio “nombre nuevo”, y la inscripción: “Santidad a Jehová”. A todos se les pone en la mano la palma de la victoria y el arpa brillante. Luego que los ángeles que mandan dan la nota, todas las manos tocan con maestría las cuerdas de las arpas, produciendo dulce música en ricos y melodiosos acordes. Dicha indecible estremece todos los corazones, y cada voz se eleva en alabanzas de agradecimiento: “¡Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre, a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos!” (Dios nos Cuida – 28 de Febrero).


Cita 2

El cielo no sería deseable para las personas de ánimo carnal; sus corazones naturales y profanos no serían atraídos por aquel lugar puro y santo; y si se les permitiera entrar, no hallarían allí cosa alguna que les agradase. Las propensiones que dominan el corazón natural deben ser subyugadas por la gracia de Cristo, antes que el hombre caído sea apto para entrar en el cielo y gozar del compañerismo de los ángeles puros y santos. (Hechos de los apóstoles. Pág. 221) Por Will Chavarría, Costa Rica.


Cita 3

Al ascender después de su resurrección, los ángeles estaban esperando para dar la bienvenida a Jesús. La hueste celestial anhelaba saludar otra vez a su amado Comandante, devuelto a ellos de la casa de la muerte… Pero él les pidió que se apartaran. Su corazón acompañaba al grupo solitario y afligido de discípulos que había dejado en el monte de los Olivos.

Todavía está con sus hijos que luchan sobre la tierra, que enfrentan todavía una batalla con el destructor. “Padre—dice—… quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo”. Los redimidos por Cristo son sus joyas, su tesoro precioso y especial. “Como piedras de diademas serán” Zacarías 9: 16 , “las riquezas de la gloria de su herencia en los santos”. Efesios 1: 18 En ellos “verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho”. Isaias 53: 11 ¿Y no se regocijarán también sus obreros cuando vean el fruto de sus labores?.. Maravillosa será la revelación cuando se pueda ver la acción de la santa influencia con sus preciosos resultados.

¡Cuánta será la gratitud de las almas que nos saldrán al encuentro en las cortes celestiales cuando comprendan el interés y la amante simpatía que los ha conducido a la salvación! Toda la alabanza, el honor y la gloria serán dados a Dios y al Cordero por nuestra redención, pero no disminuirá la gloria de Dios el expresar la gratitud a los instrumentos que él empleó en la salvación de las almas que estaban a punto de perecer. Los redimidos se encontrarán con aquellos cuya atención dirigieron al Salvador ensalzado, y los reconocerán. ¡Qué benditas conversaciones tendrán con esas almas! “Yo era un pecador—se dirá—… y tú viniste a mí, llamaste mi atención al precioso Salvador como mi única esperanza. Y yo creí en él”… ¡Qué gozo habrá cuando estos redimidos se encuentren y saluden a los que se preocuparon por ellos! (Dios nos Cuida – 22 de Noviembre).


Cita 4

Entonces conoceré como fui conocido. 1 Corintios 13:12.

Conoceremos a nuestros amigos, como los discípulos conocieron a Jesús. Pueden haber estado deformados, enfermos o desfigurados en esta vida mortal, y levantarse con perfecta salud y simetría; sin embargo, en el cuerpo glorificado su identidad será perfectamente conservada. Entonces conoceremos así como somos conocidos. En la luz radiante que resplandecerá del rostro de Jesús, reconoceremos los rasgos de aquellos a quienes amamos.

Los redimidos se encontrarán y reconocerán a las personas por ellos conducidos al Salvador. ¡Qué bienaventurada plática sostendrán con esos seres! “Yo era pecador—dirá uno—; sin Dios y sin esperanza en el mundo; tú te acercaste a mí y me diste a conocer al precioso Salvador como mi única esperanza”… Otros dirán: “Yo era un pagano que vivía en un país pagano también. Y tú dejaste a tus amigos y tu cómodo hogar para ir a enseñarme cómo descubrir a Jesús y creer en él como el único Dios verdadero. Yo derribé todos mis ídolos y adoré a Dios, y ahora lo veo cara a cara. Estoy salvado para siempre, y podré contemplar eternamente al que amo”…

Algunos expresarán su gratitud hacia los que alimentaron a los hambrientos y cubrieron al desnudo. “Cuando la desesperación cegó mi alma con incredulidad, el Señor te envió a mí—dirán—, para que hablaras palabras de esperanza y consuelo. Me trajiste alimento para suplir mis necesidades físicas, y me abriste la Palabra de Dios, haciéndome comprender mis necesidades espirituales… En medio de mi ignorancia me enseñaste pacientemente que tenía un Padre celestial que velaba por mí. Me leíste las preciosas promesas de la Palabra de Dios. Me inspiraste confianza en el hecho de que Cristo me salvaría. Mi corazón se suavizó y ablandó hasta quebrantarse, al contemplar el sacrificio que Jesús había hecho por mí… Y aquí me tienes, salvado eternamente para vivir siempre en su presencia y alabar al que entregó su vida por mí”.

¡Qué regocijo sentirán esos redimidos al encontrarse y saludar a los que se preocuparon por su salvación!… ¡Cuánto gozo y satisfacción sentirán palpitar en su corazón aquellos que han vivido, no para complacerse a sí mismos, sino para ser una bendición para los desafortunados que tienen tan pocas bendiciones! (Dios no cuida – 25 de Diciembre).


Cita 5

El día de Dios revelará cuánto debe el mundo a las madres piadosas… Cuando el Juez se siente, y se abran los libros; cuando el gran Juez pronuncie el “bien, buen siervo y fiel”, y la corona de gloria inmortal se coloque sobre la cabeza del vencedor, muchos levantarán sus coronas a la vista de todo el universo y se las colocarán a sus madres diciendo: “Ella hizo de mí lo que soy por la gracia de Dios. Su instrucción, sus oraciones, fueron bendecidas para mi salvación eterna”. Con indecible gozo, los padres contemplan la corona, la vestimenta, el arpa, dados a sus hijos. Los días de esperanza y temor han pasado. La semilla sembrada con lágrimas y oraciones puede haber parecido que se esparcía en vano, pero su cosecha se levanta con gozo al final. Sus hijos habrán sido redimidos. ¡Oh, maravillosa redención, tan descrita y tan esperada, contemplada con anticipación febril, pero jamás enteramente comprendida! (Dios no cuida – 26 de Diciembre).


Cita 6

Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Mateo 25:23.

Con amor inexpresable, Jesús admite a sus fieles “en el gozo de su Señor”. El Salvador se regocija al ver en el reino de gloria las almas que fueron salvadas por su agonía y humillación. Y los redimidos participarán de este gozo, al contemplar entre los bienvenidos a aquellos a quienes ganaron para Cristo por sus oraciones, sus trabajos y sacrificios de amor.

Al reunirse en torno del gran trono blanco, indecible alegría llenará sus corazones cuando noten a aquellos a quienes han conquistado para Cristo, y vean que uno ganó a otros, y éstos a otros más, para ser todos llevados al puerto de descanso donde depositarán sus coronas a los pies de Jesús y lo alabarán durante los siglos sin fin de la eternidad.

Cuando se da la bienvenida a los redimidos en la ciudad de Dios, un grito triunfante de admiración llena los aires. Los dos Adanes están a punto de encontrarse. El Hijo de Dios está en pie con los brazos extendidos para recibir al padre de nuestra raza; al ser que él creó, que pecó contra su Hacedor, y por cuyo pecado el Salvador lleva las señales de la crucifixión. Al distinguir Adán las cruentas señales de los clavos, no se echa en los brazos de su Señor, sino que se arroja humildemente a sus pies, exclamando: “¡Digno, digno es el Cordero que fue inmolado!”

El Salvador lo levanta con ternura, y lo invita a contemplar nuevamente la morada edénica de la cual ha estado desterrado por tanto tiempo. Después de su expulsión del Edén, la vida de Adán en la tierra estuvo llena de pesar. Cada hoja marchita, cada víctima ofrecida en sacrificio, cada ajamiento en el hermoso aspecto de la naturaleza, cada mancha en la pureza del hombre, le volvían a recordar su pecado…Con paciencia y humildad soportó, por cerca de mil años, el castigo de su transgresión. Se arrepintió sinceramente de su pecado y confió en los méritos del Salvador prometido, y murió con la esperanza de la resurrección. El Hijo de Dios reparó la culpa y caída del hombre, y ahora, merced a la obra de propiciación, Adán es restablecido a su primitiva soberanía. (Dios no cuida – 27 de Diciembre).


Cita 7

Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Apocalipsis 7:14.

Cuanto más hablamos de Jesús, tanto más reflejaremos su divina imagen. Mediante la contemplación somos transformados. Necesitamos que Cristo forme parte de nuestra experiencia religiosa. Cuando os reunís, sea Cristo y su salvación el motivo de vuestra conversación… Mientras más hablemos de Jesús, más de sus incomparables encantos lograremos contemplar. Los que no hallan placer en pensar y hablar de Dios en esta vida, no gozarán de la vida venidera, donde Dios estará siempre presente, habitando con su pueblo. Pero los que se deleitan en pensar en Dios, estarán en su elemento respirando la atmósfera del cielo. Los que en esta tierra aman los pensamientos relacionados con el cielo, se sentirán felices con las compañías y los placeres santos…

(Dios no cuida – 28 de Diciembre).


Cita 8

Y le preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos. Zacarias 13:6.

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra han pasado”. Apocalipsis 21:1 (VM). El fuego que consume a los impíos purifica la tierra. Desaparece todo rastro de maldición… Sólo queda un recuerdo: nuestro Redentor llevará siempre las señales de su crucifixión. En su cabeza herida, en su costado, en sus manos y en sus pies se ven las únicas huellas de la obra cruel efectuada por el pecado.

El profeta, al contemplar a Cristo en su gloria, dice: “Su resplandor es como el fuego, y salen de su mano rayos de luz; y allí mismo está el escondedero de su poder”. Habacuc 3:4 (VM). En sus manos, y su costado heridos, de donde manó la corriente purpurina que reconcilió al hombre con Dios, allí está la gloria del Salvador, “allí mismo está el escondedero de su poder” Y las marcas de su humillación son su mayor honor; a través de las edades eternas, las llagas del Calvario proclamarán su alabanza y declararán su poder. La cruz de Cristo será la ciencia y el canto de los redimidos durante toda la eternidad. En el Cristo glorificado contemplarán al Cristo crucificado.

Nunca olvidarán que Aquel cuyo poder creó los mundos innumerables y los sostiene a través de la inmensidad del espacio, el Amado de Dios, la Majestad del cielo, Aquel a quien los querubines y los serafines resplandecientes se deleitan en adorar, se humilló para levantar al hombre caído; que llevó la culpa y el oprobio del pecado, y sintió el ocultamiento del rostro de su Padre, hasta que la maldición de un mundo perdido quebrantó su corazón y le arrancó la vida en la cruz del Calvario.

El hecho de que el Hacedor de todos los mundos, el Arbitro de todos los destinos, dejase su gloria y se humillase por amor al hombre, despertará eternamente la admiración y la adoración del universo. Cuando las naciones de los salvos miren a su Redentor y vean la gloria eterna del Padre brillar en su rostro; cuando contemplen su trono, que es desde la eternidad hasta la eternidad, y sepan que su reino no tendrá fin, entonces prorrumpirán en un cántico de júbilo: “¡Digno, digno es el Cordero que fue inmolado, y nos ha redimido para Dios con su propia preciosísima sangre!” (Dios no cuida – 31 de Diciembre).


Cita 9

“Los principios de bondad, misericordia y amor enseñados y puestos en práctica por nuestro Salvador, son fiel trasunto de la voluntad del carácter de Dios…. Dios ejecuta su juicio sobre los malos para el bien del universo, y hasta para el bien de aquellos sobre quienes recaen sus juicios…. Los que han escogido a Satanás por jefe, y se han puesto bajo su poder, no están preparados para comparecer ante Dios…. ¿Qué goces podría ofrecer el cielo a los que están completamente absorbidos en los intereses egoístas de la tierra? … No; años de prueba les fueron concedidos para que pudiesen formar caracteres para el cielo; pero no se acostumbraron a amar lo que es puro; nunca han aprendido el lenguaje del cielo, y ya es demasiado tarde.”—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 590, 591, 597.


Cita 10

Vi luego que Jesús conducía a su pueblo al árbol de la vida, y nuevamente oímos que su hermosa voz, más dulce que cuantas melodías escucharon jamás los mortales decía: “Las hojas de este árbol son para la sanidad de las naciones. Comed todos de ellas.” El árbol de vida daba hermosísimos frutos, de los que los santos podían comer libremente. En la ciudad había un brillantísimo trono, del que manaba un puro río de agua de vida, clara como el cristal. A uno y a otro lado de ese río estaba el árbol de la vida, y en las márgenes había otros hermosos árboles que llevaban fruto bueno para comer. PE 288.2


 Cita 11

En la santa ciudad hay perfecto orden y armonía. Todos los ángeles comisionados para visitar la tierra llevan una tarjeta de oro que, al salir o entrar en la ciudad, presentan a los ángeles de la puerta. El cielo es un lugar agradable. Yo anhelo estar allí y contemplar a mi hermoso Jesús que por mí dió la vida, y ser transmutada a su gloriosa imagen. ¡Oh! ¡quién me diera palabras para expresar la gloria del brillante mundo venidero! Estoy sedienta de las vivas corrientes que alegran la ciudad de nuestro Dios. PE 39.2


Cita 12

El Cielo triunfará, porque los lugares dejados vacantes por Satanás y su hueste serán ocupados por los redimidos del Señor.

—Manuscrito 21, del 16 de Febrero de 1900, “La manifestación del amor de Dios”. (Alza tus Ojos – 16 de Febrero).


Cita 13

Dios no aceptará nada menos que una entrega total. Los cristianos profesos, fríos y pecaminosos arruinarían el cielo si se les permitiera entrar en él. Incitarían allí a una segunda rebelión. Aquellos que conocen la verdad y sin embargo no exaltan a su Autor, nunca ingresarán en la ciudad de Dios. El cielo sería un purgatorio para ellos, porque no conocen los elevados y santos principios que rigen a los miembros de la familia real de lo alto.Las instrucciones que Cristo ha dado son tan preciosas y tan definidas que nadie tiene por qué dar un paso en falso…

—Manuscrito 61, del 2 de julio de 1903, “Entrega sin reservas”. (Alza tus Ojos – 2 de Julio).


Cita 14

En el reino de Dios no se obtiene un puesto por medio del favoritismo. No se gana, ni es otorgado por medio de una gracia arbitraria. Es el resultado del carácter. La cruz y el trono son los símbolos de una condición alcanzada, los símbolos de la conquista propia por medio de la gracia de nuestro Señor Jesucristo.

Aquel que ocupe el lugar más cerca de Cristo, será el que haya bebido más profundamente de su espíritu de amor abnegado… amor que induce al discípulo, así como indujo a nuestro Señor, a darlo todo, a vivir y trabajar y sacrificarse aun hasta la muerte para la salvación de la humanidad .   (Los hechos de los apóstoles, p. 433).


 

*Las citas de este libro se actualizan constantemente

 

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