Lucha contra el Pecado

Cita 1

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. Juan 16:33.

Satanás lanzó ataques más poderosos contra Cristo que los que nunca lanzará contra nosotros. Del triunfo de Cristo o de él dependían consecuencias mucho más importantes. Si Cristo resistía sus más poderosas tentaciones, y Satanás no podía obtener éxito en su intento de inducirlo a pecar, sabría que había perdido su poder y que finalmente sería castigado con eterna destrucción. Por lo tanto Satanás obró con mucho poder para inducir a Cristo a cometer un acto erróneo, porque entonces obtendría ventaja sobre él… Nunca podéis ser tentados en forma tan decidida y cruel como lo fue nuestro Salvador. Satanás estuvo en su senda en cada momento. ¿Se aferrará el hombre del poder divino, y resistirá con determinación y perseverancia a Satanás, tal como Cristo le ha dado ejemplo en su conflicto con el enemigo en el desierto de la tentación?

Dios no puede salvar al hombre contra su voluntad del poder de los artificios de Satanás. El hombre debe obrar con todo su poder humano, ayudado por el poder divino de Cristo, para resistir y conquistar a toda costa. En resumen, el hombre debe vencer como Cristo venció. Entonces, gracias a la victoria que tiene el privilegio de obtener mediante el todopoderoso nombre de Jesús, puede convertirse en heredero de Dios y coheredero con Jesucristo. Este no sería el caso si Cristo solo obtuviera la victoria. El hombre debe hacer su parte; debe ganar la victoria por sí mismo, por medio de la fortaleza y la gracia que Cristo le da. Debe ser colaborador de Cristo en la obra de vencer, y entonces participará con él en su gloria. El Salvador venció para mostrarle al ser humano cómo puede vencer. Cristo venció todas las tentaciones de Satanás con la Palabra de Dios. Confiando en las promesas de Dios, recibió poder para obedecer los mandamientos de Dios, y el tentador no pudo obtener ventaja. (Dios nos cuida – 17 de Enero).


Cita 2

Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. Salmos 46:10.

Los cristianos debieran… cultivar amor por la meditación, y atesorar el espíritu de devoción. Muchos parecieran tener repugnancia por los momentos dedicados a la meditación, como si la investigación de las Escrituras y la oración fueran tiempo perdido. Yo quisiera que todos vosotros vierais estas cosas en la luz en que Dios quiere que las veáis, porque entonces haríais del reino de los cielos lo más importante. El mantener el corazón en el cielo dará vigor a todas vuestras facultades, y pondrá vida en todos vuestros deberes. El disciplinar la mente para que se espacie en las cosas celestiales pondrá vida y fervor en todo vuestro comportamiento. Que todo el que desee participar de la naturaleza divina aprecie el hecho de que debe huir de la corrupción que está en este mundo a través de la concupiscencia. Debe haber una lucha del alma, constante y ferviente, contra los malos pensamientos. Debe haber una resistencia decidida contra la tentación a pecar en pensamiento o acto. El alma debe mantenerse libre de toda mancha, por fe en Aquel que es capaz de guardaros sin caída.

Debemos meditar en las Escrituras, pensando con sobriedad y candidez en las cosas que se refieren a nuestra eterna salvación. La infinita misericordia y el amor de Jesús, el sacrificio hecho en nuestro favor, requieren la más seria y solemne reflexión. Debiéramos espaciarnos en el carácter de nuestro querido Redentor e Intercesor. Debemos tratar de comprender el significado del plan de salvación. Debemos meditar sobre la misión de Aquel que vino a salvar a su pueblo de sus pecados. Al contemplar constantemente los temas celestiales, nuestra fe y amor se fortalecerán. Nuestras oraciones serán más y más aceptables para Dios, porque estarán más y más mezcladas con fe y amor. Serán más inteligentes y fervientes. Cuando la mente está llena de este modo… el creyente en Cristo será capaz de sacar sus tesoros del almacén del corazón. (Dios nos Cuida – 11 de Enero).


Cita 3

Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. 1 Juan 5:3.

Es la observancia de los mandamientos de Dios lo que lo honra y glorifica en sus elegidos. Por lo tanto, cada alma a quien Dios le ha dado la facultad de razonar está bajo la obligación de escudriñar la Palabra para averiguar todo lo que él nos ha ordenado como posesión adquirida. Deberíamos procurar comprender todo lo que la Palabra requiere de nosotros en el sentido de la obediencia y la observancia de sus preceptos. No podemos manifestar más honor a nuestro Dios, a quien pertenecemos por creación y redención, que dando evidencia ante los seres celestiales, los mundos no caídos y los hombres caídos, de que atendemos diligentemente todos sus mandamientos, que son los principios que gobiernan su reino.

Necesitamos estudiar asiduamente para conocer los preceptos de Dios. ¿Cómo podemos ser súbditos obedientes si dejamos de comprender los principios que gobiernan el reino de Dios? Abrid, entonces, vuestras Biblias, y buscad todo aquello que os ilumine respecto a los preceptos de Dios; y cuando discernáis un “así dice Jehová”, no pidáis la opinión de los hombres, sino que, cualquiera que sea el costo para vosotros, obedeced gozosamente. Entonces descansará sobre vosotros la bendición de Dios y lo glorificaréis…  (Dios nos Cuida – 26 de Mayo).


Cita 4

He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo. Lucas 10:19.

El hombre caído es el cautivo legítimo de Satanás. La misión de Cristo consistió en rescatarlo del poder de su gran adversario. El hombre se inclina por naturaleza a seguir las sugestiones de Satanás, y no puede resistir con éxito a un enemigo tan terrible, a menos que Cristo, el poderoso Vencedor, more en él, guíe sus deseos y lo fortalezca. Sólo Dios puede limitar el poder de Satanás…

Satanás conoce mejor que los hijos de Dios el poder que ellos pueden tener sobre él cuando su fuerza está en Cristo. Cuando el más débil creyente en la verdad solicita humildemente ayuda al poderoso Vencedor, confiando firmemente en Cristo, puede repeler con éxito a Satanás y toda su hueste.

Satanás llamará en su ayuda legiones de sus ángeles para oponerse a los progresos hasta de un alma, y si fuese posible, la arrebataría de las manos de Cristo… Pero si el que está en peligro persevera, y en su impotencia se aferra a los méritos de la sangre de Cristo, nuestro Salvador escucha la ferviente oración de fe, y envía refuerzos de ángeles poderosos en fortaleza para que lo libren.

Satanás no puede soportar que se recurra a su poderoso rival, porque teme y tiembla ante su fuerza y majestad. Al sonido de la oración ferviente, toda la hueste de Satanás tiembla. Sólo la amante compasión de Cristo, su divina gracia, su poder omnipotente pueden capacitarnos para desbaratar al implacable enemigo y someter nuestros propios corazones rebeldes. (Dios nos Cuida – 22 de Agosto).


Cita 5

Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne. Romanos 13:14.

Todo individuo, por decisión propia, se aparta de Cristo al no albergar su Espíritu y seguir su ejemplo, o entra en una unión personal con Cristo por la renuncia propia, la fe y la obediencia. Cada uno de nosotros debe elegir por sí mismo a Cristo, puesto que él nos eligió primero.

Esta unión con Cristo debe ser realizada por aquellos que están naturalmente enemistados con él. Es ésta una relación de total dependencia, en la que debe entrar un corazón orgulloso. Es una obra minuciosa y muchos de los que profesan ser seguidores de Cristo no saben nada de ella. Nominalmente aceptan al Salvador, pero no como el único gobernante de sus corazones…Renunciar a su propia voluntad, tal vez a los objetos preferidos de afecto y empeño, requiere un esfuerzo, y muchos vacilan, abandonan y retroceden.

Pero esta batalla debe ser librada por cada corazón verdaderamente convertido. Debemos luchar con las tentaciones externas e internas. Debemos obtener la victoria sobre el yo, crucificando los afectos y las concupiscencias; y entonces comienza la unión del alma con Cristo… Después que esta unión se ha producido, se la puede conservar sólo mediante esfuerzo permanente, ferviente y penoso.  (Dios nos Cuida – 27 de Agosto).


Cita 6

Levantad un muro de pasajes de las Escrituras a vuestro alrededor, y veréis que el mundo no puede derribarlo. Memorizad las Escrituras y luego lanzad sobre Satanás un “Escrito está” cuando venga con sus tentaciones. Fue así como nuestro Señor enfrentó y resistió las tentaciones de Satanás.—The Review and Herald, 10 de abril de 1888.


Cita 7

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Santiago 1:2-4.

Este pasaje no dice que debemos considerar un gozo cuando caemos bajo la tentación, sino cuando caemos en tentación. No es necesario caer bajo la tentación, porque la tentación nos sobreviene para probar nuestra fe. Y la prueba de nuestra fe obra paciencia, y no mal humor ni murmuración…

Cuando hablamos de desánimo y lobreguez, Satanás escucha con enorme gozo, porque le agrada saber que nos ha puesto en servidumbre. Satanás no puede leer nuestros pensamientos, pero puede ver nuestras acciones y escuchar nuestras palabras; y gracias a su largo conocimiento de la humanidad, puede dar forma a sus tentaciones para sacar ventaja de los puntos débiles de nuestro carácter. ¡Y con cuánta frecuencia le revelamos el secreto de cómo puede obtener la victoria sobre nosotros!—The Review and Herald, 19-5 1891.


Cita 8

La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Salmos 19:7.

Es inconcebible que tantos profesos servidores de Dios puedan descartar su ley y enseñar a los pecadores que sus preceptos no tienen validez para ellos. ¡Qué engaño fatal!… Vivimos en un mundo de esclavitud y muerte. Las multitudes están esclavizadas por costumbres pecaminosas y hábitos perjudiciales. Y es difícil romper sus grillos. La iniquidad, como diluvio, está inundando la tierra. Ocurren diariamente crímenes que son casi demasiado terribles para mencionarlos. ¿Diremos que todo esto sucede porque los hombres viven en obediencia a la ley de Dios, o se debe a que los ministros y el pueblo enseñan que sus preceptos carecen de vigencia?— The Review and Herald, 14 de septiembre de 1886.


Cita 9

La apariencia exterior es un índice del corazón. Cuando los corazones son afectados por la verdad, mueren para el mundo; y los que están muertos para el mundo no se conmoverán por la risa, las bromas o las burlas de los incrédulos. Experimentarán un ansioso deseo de ser como su Maestro, separados del mundo. No imitarán sus modas ni costumbres. Procurarán constantemente glorificar a Dios y obtener la herencia inmortal.—The Review and Herald, 9 de septiembre de 1884.


Cita 10

“Cada semilla sembrada produce una cosecha de su especie. Así también es en la vida humana. Todos debemos sembrar las semillas de compasión, simpatía y amor, porque hemos de recoger lo que sembramos. Toda característica de egoísmo, amor propio, estima propia, todo acto de complacencia propia producirá una cosecha semejante…. Dios no destruye a ningún hombre. Todo hombre que sea destruido se habrá destruido a sí mismo. Todo el que ahogue las amonestaciones de la conciencia está sembrando la semilla de la incredulidad y éstas producirán la segura cosecha. Al rechazar la primera amonestación de Dios, el faraón de la antigüedad sembró las semillas de la obstinación y cosechó obstinación…. “Cada acto, cada palabra, es una semilla que llevará fruto. Cada acto de bondad bien pensado, de obediencia o de abnegación, se reproducirá en otros y por medio de ellos aun en otros, así como cada acto de envidia, malicia o disensión es una semilla que brotará en raíz de amargura de la cual muchos recibirán daño.”—Sketches From the Life of Paul, 78, 79.


Cita 11

La misma enemistad que se manifestó contra el Maestro, se manifiesta contra los discípulos de Cristo. Cualquiera que se dé cuenta del carácter repulsivo del pecado y que con el poder de lo alto resista a la tentación, despertará seguramente la ira de Satanás y de sus súbditos. El odio a los principios puros de la verdad, las acusaciones y persecuciones contra sus defensores, existirán mientras existan el pecado y los pecadores. Los discípulos de Cristo y los siervos de Satanás no pueden congeniar. El oprobio de la cruz no ha desaparecido. “Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución”. 2 Timoteo 3:12. CS 497.1

Satanás reúne todas sus fuerzas y lanza todo su poder al combate. ¿Cómo es que no encuentra mayor resistencia? ¿Por qué están tan adormecidos los soldados de Cristo? ¿por qué revelan tanta indiferencia? Sencillamente porque tienen poca comunión verdadera con Cristo, porque están destituidos de su Espíritu. No sienten por el pecado la repulsión y el odio que sentía su Maestro. No lo rechazan como lo rechazó Cristo con decisión y energía. No se dan cuenta del inmenso mal y de la malignidad del pecado, y están ciegos en lo que respecta al carácter y al poder del príncipe de las tinieblas. Es poca la enemistad que se siente contra Satanás y sus obras, porque hay mucha ignorancia acerca de su poder y de su malicia, y no se echa de ver el inmenso alcance de su lucha contra Cristo y su iglesia. Multitudes están en el error a este respecto. No saben que su enemigo es un poderoso general que dirige las inteligencias de los ángeles malos y que, merced a planes bien combinados y a una sabia estrategia, guerrea contra Cristo para impedir la salvación de las almas. Entre los que profesan el cristianismo y hasta entre los ministros del evangelio, apenas si se oye hablar de Satanás, a no ser tal vez de un modo incidental desde lo alto del púlpito. Nadie se fija en las manifestaciones de su actividad y éxito continuos. No se tienen en cuenta los muchos avisos que nos ponen en guardia contra su astucia; hasta parece ignorarse su existencia. CS 497.3

Mientras los hombres desconocen los artificios de tan vigilante enemigo, este les sigue a cada momento las pisadas. Se introduce en todos los hogares, en todas las calles de nuestras ciudades, en las iglesias, en los consejos de la nación, en los tribunales, confundiendo, engañando, seduciendo, arruinando por todas partes las almas y los cuerpos de hombres, mujeres y niños, destruyendo la unión de las familias, sembrando odios, rivalidades, sediciones y muertes. Y el mundo cristiano parece mirar estas cosas como si Dios mismo las hubiese dispuesto y como si debiesen existir. CS 498.1

Satanás está tratando continuamente de vencer al pueblo de Dios, rompiendo las barreras que lo separan del mundo. Los antiguos israelitas fueron arrastrados al pecado cuando se arriesgaron a formar asociaciones ilícitas con los paganos. Del mismo modo se descarría el Israel moderno. “El Dios de este siglo cegó los entendimientos de los incrédulos, para que no les resplandezca la lumbre del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. 2 Corintios 4:4. Todos los que no son fervientes discípulos de Cristo, son siervos de Satanás. El corazón aún no regenerado ama el pecado y tiende a conservarlo y paliarlo. El corazón renovado aborrece el pecado y está resuelto a resistirle. Cuando los cristianos escogen la sociedad de los impíos e incrédulos, se exponen a la tentación. Satanás se oculta a la vista y furtivamente les pone su venda engañosa sobre los ojos. No pueden ver que semejante compañía es la más adecuada para perjudicarles; y mientras más se van asemejando al mundo en carácter, palabras y obras, más y más se van cegando. CS 498.2

Desde los días de Adán hasta los nuestros, el gran enemigo ha ejercitado su poder para oprimir y destruir. Se está preparando actualmente para su última campaña contra la iglesia. Todos los que se esfuerzan en seguir a Jesús tendrán que entrar en lucha con este enemigo implacable. Cuanto más fielmente imite el cristiano al divino Modelo, tanto más seguramente será blanco de los ataques de Satanás. Todos los que están activamente empeñados en la obra de Dios, tratando de desenmascarar los engaños del enemigo y de presentar a Cristo ante el mundo, podrán unir su testimonio al que da San Pablo cuando habla de servir al Señor con toda humildad y con lágrimas y tentaciones. CS 499.4

El poder y la malignidad de Satanás y de su hueste podrían alarmarnos con razón, si no fuera por el apoyo y salvación que podemos encontrar en el poder superior de nuestro Redentor. Proveemos cuidadosamente nuestras casas con cerrojos y candados para proteger nuestros bienes y nuestras vidas contra los malvados; pero rara vez pensamos en los ángeles malos que tratan continuamente de llegar hasta nosotros, y contra cuyos ataques no contamos en nuestras propias fuerzas con ningún medio eficaz de defensa. Si se les dejara, nos trastornarían la razón, nos desquiciarían y torturarían el cuerpo, destruirán nuestras propiedades y nuestras vidas. Solo se deleitan en el mal y en la destrucción. Terrible es la condición de los que resisten a las exigencias de Dios y ceden a las tentaciones de Satanás hasta que Dios los abandona al poder de los espíritus malignos. Pero los que siguen a Cristo están siempre seguros bajo su protección. Ángeles de gran poder son enviados del cielo para ampararlos. El maligno no puede forzar la guardia con que Dios tiene rodeado a su pueblo. CS 506.5

NUNCA MAS SE LEVANTARA EL PECADO EN EL UNIVERSO

Todo el universo habrá visto la naturaleza y los resultados del pecado. Y su destrucción completa que en un principio hubiese atemorizado a los ángeles y deshonrado a Dios, justificará entonces el amor de Dios y establecerá su gloria ante un universo de seres que se deleitarán en hacer su voluntad, y en cuyos corazones se encontrará su ley. Nunca más se manifestará el mal. La Palabra de Dios dice: “No se levantará la aflicción segunda vez”. Nahúm 1:9 (VM). La ley de Dios que Satanás vituperó como yugo de servidumbres será honrada como ley de libertad. Después de haber pasado por tal prueba y experiencia, la creación no se desviará jamás de la sumisión a Aquel que se dio a conocer en sus obras como Dios de amor insondable y sabiduría infinita. CS 493.4


Cita 12

Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Efesios 4:31, 32.

La gran controversia que se está desarrollando en el mundo entre el Príncipe de la luz y el príncipe de las tinieblas, es más aguda hoy que en cualquier período de la historia de esta tierra. Recuerden que dondequiera se pongan en marcha planes para hacer avanzar la causa de Dios en el mundo, Satanás estará allí para contrarrestar, si fuera posible, la obra de nuestro misericordioso Padre celestial… Echará mano de toda ventaja posible que le den para controlar las mentes…

Satanás es un enemigo vigilante e incansable que no duerme. Sabe que tiene poco tiempo y obrará hasta el fin mediante toda clase de engaño para atraer a las almas a su trampa y arruinarlas. Tengo un mensaje para Uds.: “Velad y orad, para que no entréis en tentación”. No permitan que el diablo se interponga entre Uds. y Cristo, pues de lo contrario les gustarán las cosas que son de los hombres y no de Dios. Si su fe es genuina producirá obediencia. Dios no nos ordena que hagamos algo que no podemos hacer. Otorgará fortaleza a cada alma creyente y confiada…

Alimenten el amor de Jesús en el corazón y respétense unos a otros, porque Cristo dio su vida por Uds. Toda alma es preciosa a la vista de Dios. Es algo maravilloso ser recordados y protegidos cada hora por El.—Carta 7, del 6 de enero de 1894, dirigida a la tripulación del barco Pitcairn. (Alza tus Ojos – 6 de Enero).


Cita 13

La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples. Salmos 119:130.

Cuanto más a menudo se lee el Nuevo Testamento, más instructivo es. Ninguno se cansa de sus palabras hermosas, porque son semejantes a piedras preciosas. Cuanto más profunda sea la investigación que se haga en ellas, tanto más nueva y más espléndida será la luz reflejada por las mismas.

Cuanto más estudiemos la Palabra con corazón sencillo y confiado, más comprenderemos la senda por la que debemos andar a fin de alcanzar el Paraíso de Dios. Recibimos vida de Cristo mediante el estudio de su Palabra. “En él estaba la vida”; vida original, no prestada. Es la fuente de vida. Recibimos vida del Salvador, quien la vuelve a tomar. La vida que nos ha sido dada por Dios debiera ser utilizada de la mejor manera, porque como instrumentos humanos estamos formando nuestro propio destino. Necesitamos escoger sabiamente para asociarnos con quienes nos capacitarán mejor, en cuerpo, alma y espíritu, para alcanzar el país futuro, el celestial. Al elegir compañeros no debiéramos colocamos bajo influencias que pudieran ser de algún modo desfavorables en la formación de los principios puros y correctos, porque necesitamos toda la ayuda que podamos obtener a fin de que en nuestras asociaciones podamos desarrollar caracteres de acuerdo con la semejanza de Cristo.

Cristo dice: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”. Apocalipsis 3:21. Hay tentaciones que debemos enfrentar. Si cedemos a ellas estaremos del lado perdedor, y al experimentar la derrota vez tras vez, llega a ser un hábito hacer lo erróneo en lugar de hacer lo correcto. De esta manera revelamos que hemos escogido desarrollar los principios y atributos de Satanás más bien que los principios y atributos de Jesucristo… Un cristiano no escogerá como objeto de sus afectos a quien, con su conducta, menosprecie a Jesucristo crucificando diariamente al Hijo de Dios y exponiéndolo al vituperio. Con sus acciones y conversación los tales revelan que no tienen respeto por quien dio su vida por la vida de la humanidad y soportó la pobreza y la tentación, fue abnegado y se sacrificó por ellos.

Durante toda su vida terrenal fue menospreciado y se lo comprendió mal, aun entre los miembros de su propia familia. Satanás estaba constantemente sugiriendo a sus hermanos, los hijos de José, críticas acerca de quien parecía tan distinto a ellos. Rehusó cada invitación al mal, porque no se lo podía persuadir a que aceptara hacer lo malo o a desviarse en lo más mínimo del “escrito está”. Parecía tener la Escritura atesorada en el corazón y la mente. Rara vez reprendió la conducta de sus hermanos, pero siempre tuvo una palabra de Dios para decirles: “Escrito está”.—Manuscrito 2 del 9 de febrero de 1896, sin título. (Alza tus Ojos – 9 de Febrero).


Cita 14

Cada hombre está libre para elegir el poder que quiera ver dominar sobre él. Nadie ha caído tan bajo, nadie es tan vil que no pueda hallar liberación en Cristo. El endemoniado, en lugar de oraciones, no podía sino pronunciar las palabras de Satanás; sin embargo, la muda súplica de su corazón fue oída. Ningún clamor de un alma en necesidad, aunque no llegue a expresarse en palabras, quedará sin ser oído. Los que consienten en hacer pacto con el Dios del cielo, no serán abandonados al poder de Satanás o a las flaquezas de su propia naturaleza. Son invitados por el Salvador: “Echen mano… de mi fortaleza; y hagan paz conmigo. ¡Sí, que hagan paz conmigo!” Isaías 25:5. Los espíritus de las tinieblas contenderán por el alma que una vez estuvo bajo su dominio. Pero los ángeles de Dios lucharán por esa alma con una potencia que prevalecerá. El Señor dice: “¿Será quitada la presa al valiente? o ¿libertaráse la cautividad legítima? Así empero dice Jehová: Cierto, la cautividad será quitada al valiente, y la presa del robusto será librada; y tu pleito yo lo pleitearé, y yo salvaré a tus hijos”. Isaías 49:24, 25. (El Deseado de todas las gentes, p. 224).


Cita 15

Orando en todo tiempo con toda deprecación y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda instancia y suplicación por todos los santos. Efesios 6:18.

“Primeramente habéis de velar. Velad, para que no habléis precipitada, colérica, e impacientemente. Velad para que el orgullo no halle cabida en vuestro corazón. Velad para que las malas pasiones no os dominen en vez de ser dominadas por vosotros. Velad para que un espíritu indiferente y descuidado no se apodere de vosotros y descuidéis vuestros deberes y seáis livianos y frívolos….

“En segundo término, habéis de orar. Jesús no os hubiera dado este mandato si no hubiera una real necesidad de oración. El bien sabe que por nosotros mismos no podéis vencer las muchas tentaciones del enemigo y las muchas trampas que tiende a vuestros pies….

“La oración correcta consiste en pedir a Dios con fe las cosas específicas que necesitáis. Id a vuestro aposento o algún lugar apartado y en el nombre de Jesús pedid que el Padre os ayude. Hay poder en la oración que brota de un corazón convencido de su propia debilidad pero que no obstante anhela fervientemente aquella fortaleza que viene de Dios. La oración fervorosa será oída y contestada.

“No desmayéis. Acudid a los pies de Jesús quien fue tentado en todo y sabe cómo ayudar a los que son tentados…. Presentad vuestro caso ante Dios por medio de Jesús hasta que vuestra alma descanse confiadamente en su fortaleza y sintáis que no estáis solos en esta lucha por la victoria.”— The Youth’s Instructor, 1 de octubre de 1855.


Cita 16

El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. Lucas 17:20, 21.

El reino de los cielos se puede sentir, pero no se puede ver. La obra que realiza interiormente el Espíritu de Dios se puede comparar con la de la levadura… Cristo ilustra lo que es el corazón humano por medio de esta parábola. La levadura de la verdad, al obrar interiormente, se revelará en la vida. El corazón debe ser purificado de toda inmundicia; el hombre debe estar preparado y debe tener rasgos de carácter que lo capaciten para servir al Señor en cualquier ramo de la obra.

El proceso mediante el cual la levadura transforma la masa en cuyo interior se encuentra, es invisible, pero su influencia continúa hasta que ésta se convierte en pan. De ese modo el Espíritu de Dios debe producir un cambio radical. No se proporcionan facultades nuevas al individuo, sino que se opera un cambio total en el empleo de ellas. Las inclinaciones naturales se suavizan y se someten. Se implantan nuevos pensamientos, nuevos sentimientos y nuevos motivos. Pero aunque cada facultad se regenera, el hombre no pierde su identidad…

Las Escrituras constituyen el gran instrumento que obra esta transformación. Cristo oró: “Santifícalos en tu verdad; tu Palabra es verdad”. Juan 17:17. Somos colaboradores de Dios en esta gran obra. El instrumento divino necesita la cooperación del instrumento humano… La masa en cuyo interior se ha colocado la levadura representa el corazón del que cree en Jesús y lo recibe. Cristo manifiesta en lo exterior los principios que sólo él puede implantar en el interior del ser. El mundo considera un misterio insoluble a esta clase de seres humanos.

—Manuscrito 82, del 26 de junio de 1898, “La levadura de la verdad”. (Cada Día con Dios – 26 de Junio).


 

*Las citas de este libro se actualizan constantemente

 

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