Enfermedades

Cita 1

Reconoced que Jehová él es Dios; él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos. Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Salmos 100:3.

“La vida natural es conservada momento tras momento por un poder divino; sin embargo, no es sostenida por un milagro directo, sino por el uso de las bendiciones puestas a nuestro alcance.”— Los Hechos de los Apóstoles, 206.


Cita 2

“El Salvador, en sus milagros, manifestaba el poder que está siempre obrando en provecho del hombre, para sostenerle y sanarle. Por medio de los agentes naturales, Dios trabaja, día tras día, hora tras hora y a cada momento, para conservarnos vivos, para levantarnos y restaurarnos. En cuanto alguna parte del cuerpo sufre perjuicio, empieza el proceso de curación; los agentes naturales son puestos a trabajar para restablecer la salud. Pero el poder que obra por medio de estos agentes es el poder de Dios. Todo poder capaz de dar vida procede de él. Cuando alguien se repone de su enfermedad, es Dios quien lo sana. “La enfermedad, el padecimiento, y la muerte son obra de un poder enemigo. Satanás destruye; Dios restaura.”—El Ministerio de Curación, 102, 103.


Cita 3

“Somos suyos por la creación y por la redención. Nuestros cuerpos no nos pertenecen y no tenemos por lo tanto el derecho de tratarlos como nos plazca, estropeándolos por la práctica de hábitos que conducen a la decadencia e impiden rendir a Dios un servicio perfecto. Nuestras vidas y todas nuestras facultades le pertenecen. El cuida de nosotros cada momento; él mantiene en acción toda la maquinaria viviente; si nos abandonara a nuestra suerte tan sólo por un momento, moriríamos. Dependemos enteramente de Dios.”— Counsels on Diet and Foods, 53.


Cita 4

Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Romanos 6:13.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Mateo 11:28. Esta es la receta para curar las enfermedades espirituales, mentales y físicas. Es la dádiva de Cristo para todos los que lo buscan en verdad y con sinceridad. El es el poderoso Sanador. Luego nos hace otra invitación: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Vers. 29, 30. Usando el yugo de Cristo, y aprendiendo de El las lecciones de mansedumbre y humildad, hallamos descanso en la fe, en la seguridad y en la confianza. Descubrimos que el yugo de Cristo es fácil, y su carga, ligera.

—Carta 197, del 29 de septiembre de 1901, dirigida al pastor S. N. Haskell y Sra. (Alza tus Ojos – 29 de Septiembre).


Cita 5

 

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